JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO

Por: José Manuel Herrera Brito

Creo en la política, la buena y mejor política. Ella no nos puede ser ajena, ya que no solo compete a los que están en el gobierno y demás instancias de poder, sino a todos los ciudadanos quienes debemos aportar para para cambiar las cosas positivamente, así como preocuparnos y ocuparnos de lo que significa e importa. De ninguna manera atañe solo a políticos y gobernantes. Muchos son sus significados y ámbitos, razón por lo que hay que indagarla, otear su interacción con otras actividades en las que el hombre se circunscribe, sea la filosofía política, las ideologías como valoraciones de las ideas políticas y la reflexión de sus consecuencias en los grupos sociales.

La sé cómo uno de los más nobles de los oficios. La idealizo casta y limpia. La entiendo a plenitud en su concepto y moderna concepción, como aquella que tiene que ver con las posibilidades, con el análisis político que se centra en la necesidad y comenzar a verla como la ciencia que puede predecir, calcular, medir y ejecutar; así como la que incluye la concepción, medios, fines y crea las bases para constituirse en un instrumento válido para todos los sectores sociales que participen en la cosa pública y para la construcción del Estado Moderno.

Permite lo visto poder decir que no es que se acorrale a los gobiernos, como tampoco que el mayor riesgo se corre por las movidas de orden político o judicial; no, se corre es por la actuación de los políticos, que ponen cada vez que hay elecciones el conocido proceso que denominan reacomodarse y que significa quitar del medio lo que les estorbe, sin medir consecuencias ni velar por el país al que en cada elección dicen engañosamente estar dispuestos a servir, lo que casi nunca se cumple.

A quienes realmente se arrincona, les falta representación y son víctimas por la falta de escrúpulos de los políticos, es a los ciudadanos en su conjunto, o sea los mismos que elegimos a esa clase política que juega con la moral y la ética, que no cumple sus promesas y que se justifica en todos sus desaciertos y desmanes culpando a los demás.

Los políticos se protegen y auto-protegen, se agrupan y reagrupan, se cambian de bando como si nada, se mimetizan, se vuelven camaleones, se reparten hasta lo impensado, razones por la que muchos digan quede ellos no es vale esperar nada; y lo que es peor, se valen de todas las argucias posibles para acusados o no, con sentencias por corrupción y demás otras, vuelven a por las calles y aceras de las ciudades, del país y del mundo enhiestos y con la frente en alto como si nada hubiese pasado. Horror de horrores. Algunos incluso victimizados, elevados a categoría de héroes y listos para participar en nuevas justas electivas. Su defensa, que el problema fue en la justicia y continuarán hablando sobre el respeto a la democracia y a sus instituciones sin asumir la responsabilidad de lo ocurrido con pasmosa tranquilidad.

No existe en ellos la vergüenza. Pontifican sobre honestidad y honorabilidad. Queda en el aíre el mensaje que robar, corromper, tocar los sagrados fondos públicos es parte normal de la gestión y que siempre será importante tener a los suyos penetrados o infiltrados en cargos clave, o información para presionar, extorsionar, chantajear para lograr sus objetivos de vida como es obtener las ventajas posibles del servicio público, agarrarse de su espacio de influencia y nadar en impunidad.

Es asunto que parece nunca acabará. Pase lo que pase se sitúan tras bambalinas. No ceden su espacio, Las autoridades evitan enfrentarlos. Saben cómo funcionar. Son expertos en torpedearlo todo y volver ingobernable a un país; y, sin embargo, la ciudadanía actúa como si las decisiones de quienes gobiernan no afectaran sus vidas y pareciera vivir feliz en ese dejar hacer, dejar pasar, causa a la postre de los peores y malos momentos que vivimos como sociedad y no quisiéramos tomar conciencia de ello. saramara7@gmail.com

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