Por: Ec. Omar Escobar

Contexto familiar
Es uno de los 10 hijos del palestino Armando Bukele Kattán y Olga Marina Ortez. Su padre un gran empresario pese a las prohibiciones laborales que pesaban sobre ciudadanos extranjeros en territorio salvadoreño, mas no sobre aspectos como la religión y la educación. Bukele Kattán, fue islamista, fundó cuatro mezquitas en el país, y se desempeñó como imán. Fue conductor de un espacio televisivo de opinión, doctor en química industrial y autor de un libro sobre física. Matriculó a sus hijos en la prestigiosa Escuela bilingüe Panamericana, reservado a un segmento de la sociedad. Según su profesor, Óscar Picardo, “Era un alumno promedio y un chico, un poco introvertido”. Tal vez por ello, Nayib, después de graduarse de bachiller en 1999, cursó durante un tiempo Ciencias Jurídicas, sin llegar a graduarse, empero empezó a trabajar en agencias publicitarias como la Obermet, entre 1999 y 2006, propiedad familiar.
Contexto político
Algunas de estas empresas estaban a cargo de la propaganda política del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN); el contrincante del partido de derecha, Arena. A través de Obermet, dirigió la campaña publicitaria de la candidatura presidencial del líder de izquierda y palestino Schafik Hándal, en 2004. Aprendió y aplicó el marketing político desde el terreno práctico con los maestros de dicho arte, entre ellos, los lideres del FMLN que reinaron entre 2009 con Mauricio Funes y 2019 con Salvador Sánchez Cerén. Este contexto debió marcar su afinidad con su carrera política… se dio cuenta, que esto, era lo suyo.
No es raro que el FMLN, llevara de la mano a Bukele, a las alcaldías de Nuevo Cuscatlán (2012-2015) y de San Salvador (2015-2018). No se desconoce la capacidad como burgomaestre logrando proyectos de revitalización urbana, modernización de espacios públicos y programas sociales. Si bien tiene la admiración de su pueblo, tampoco está exento de la mirada judicial, ejemplo de ello, el artículo del investigador Héctor Silva (Infobae): “Cómo una red de lavado de dinero del régimen de Maduro ayudó a Nayib Bukele a llegar a la presidencia de El Salvador”; tema polémico por el cual autoridades judiciales estadounidenses siguen pistas.
Hechos como estos, y otros de índole ideológico, abrieron divisiones internas, llevando a Bukele a fundar un movimiento político “Nuevas Ideas” en 2018, rompiendo el bipartidismo tradicional de El Salvador, pero al final, en 2019 le tocó unirse al partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), para lograr su magno objetivo, con apenas 37 años de edad.
La presidencia. Como alcalde estuvo amparado por la izquierda. En la presidencia, cambió radicalmente. En su primera alcaldía de Nuevo Cuscatlán (2012-2015), se definió de izquierda radical y antineoliberal. Sin embargo, después de ser elegido como presidente, durante una visita a Washington en 2019, visitó la Fundación Heritage, de tendencia conservadora, y terminó dando un discurso que logró seducir a Donald Trump, a los empresarios e incluso a la misma Arena; partido que hasta hace poco había sido su rival acérrimo. Allí habló de una limitada intervención del Estado, cuestionó a China, tachándola de “no respetar las reglas”, y desde ese momento se aparó de Nicaragua, Venezuela y otros líderes socialistas.
Dentro de casa, hizo sentir su poder autoritario, como uno más de los que ha tenido ese país, pues el 9 de febrero de 2020, irrumpió con militares en la Asamblea Legislativa y amenazó con disolverla si los diputados no autorizaban la negociación de un préstamo. Súmele la herencia religiosa: “soy un instrumento de Dios”. Política y religión, con fervencia, aplica para un autócrata. Últimamente se ha mostrado mesurado.
Algunos de sus críticos, dicen que en ese país se ha instaurado un régimen de excepción que limita libertades, como lo han hecho los gobiernos dictatoriales a lo largo de la historia. Efectivamente sus medidas de corte autoritario y de ideología militarista, son usadas para enfrentar a las famosas pandillas, acudiendo incluso a las detenciones arbitrarias y aplicación de torturas. Pese a dos condenas de la Corte IDH, su política de seguridad ha dado resultados positivos. No pasa lo mismo con el lento crecimiento de la economía. Según el FMI (Fondo Monetario Internacional); tiene un altísimo índice de endeudamiento, déficit de balanza comercial y una alta dependencia de las remesas familiares; y en el que en los últimos cuatro años, 200.000 personas han caído en la extrema pobreza, según la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe).
Estilo e Ideología
Una larga guerra civil que parecía tener fin cuando se firmaron los Acuerdos de Paz en 1992. Dos décadas después, los hijos de la guerra, formaron las pandillas y renació la violencia. Nadie creía en la democracia, menos en los partidos políticos, daba igual vivir en democracia o en dictadura. El Salvador, caía en la desesperanza, y se ahondaban los problemas políticos y económicos. Bukele, hace parte del desencanto de las ideologías de derecha e izquierda. Las cuestionó, pero necesitaba el apoyo de los movimientos políticos y el respaldo popular. Como buen observador y estratega en comunicación, decodifica el entorno, comprende la idiosincrasia, crea el discurso y utiliza las redes sociales. Frente al momento, qué mejor la imagen de un millennial, de un CEO en la política y una personalidad con carácter capaz de romper paradigmas con un estilo claro y contundente.
Circunstancias, habilidades y capacidades son elementos que aprovechan los líderes políticos. “Esa es su habilidad: vender imágenes, vender una impresión, el decirle a la gente lo que quiere escuchar”, dice José Miguel Cruz, director de investigación del Centro Kimberly Green – Florida International University. Otros dicen que Bukele, más que situarse en un lado u otro del espectro político, es un hombre y un político camaleónico a las circunstancias. Tampoco es un outsiders. La conquista del poder requiere trayectoria, inmersión en ella y márquetin, el cual muestra como independientes a los mismos de siempre.
Es un pragmático político, pues supo apoyarse en los líderes del momento y como estratega en comunicacional, no sólo con las masas, sino con las élites intelectuales y políticas. Llegó al FMLN con un discurso de plena pertenencia y se quedó hasta que le sirvió. Cuando ya no, lo dejó… lecciones de Kissinger.
Sin embargo, para un país latinoamericano, donde la cultura esta por los suelos, las ideologías son grises y los derechos humanos protegen hasta los delincuentes, es necesario su replanteo, pues éstas no pueden estar por encima de la seguridad, de lo contrario los resultados económicos son esquivos. De allí que las nuevas generaciones, tienden a la inmersión en las experiencias, dejando de lado la academia… es comprensible el efecto camaleón maquiavélico.
Bueke, está abriendo un sendero hacia estilos más pragmáticos, lo que conlleva a replantear las posturas ideológicas del pasado. Es fruto de una revolución tecnológica, donde la sociedad latinoamericana reclama revolución educativa y académica, para equipararse al mundo actual. Las nuevas generaciones están en la ola de la rapidez que ofrece la tecnología de países industrializados. Que importa el cambio de camiseta, que importa mantener relaciones con China y USA, mientras convenga a los intereses macroeconómicos del país. Lo verdaderamente importante es un estilo firme de gobernanza, carácter y el conocimiento empírico de la mecánica de las cosas.
Por el momento, no voy a sentarlo a la diestra, ni tildarlo de oportunista. Es un político, similar a muchos que no han hecho, lo que este señor, sí hizo: poner orden y seguridad. Ahora, El Salvador y Latinoamérica, necesitan uno igual, para poner a crecer la economía.