Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
En aras del progreso de los pueblos, que deben contenerse entre otros aspectos, propósitos y objetivos en el mejoramiento permanente y continuo, es claro que debemos invitarnos, lo mismo que obligarnos a reflexionar y actuar sobre lo que real y verdaderamente importa en tal dirección, por lo que debemos tener una focalización lo más exacta posible respecto de superar falencias y situarnos en realidades, necesidades, falencias y prioridades, tales en nuestro caso como seguridad, economía y una alta expectativa respecto de un gobierno adentrado en su segundo año de mandato en todo cuanto traduzca optimismo, avances positivos y significación, en ruta a superar los desafíos que nos circundan.
Concerniente mejorar a tope seguridad y economía, convertir la esperanza en acciones concretas que generen resultados palpables, priorizar la salud, cumplir las expectaciones de los asociados, adentrarse en modificar, cambiar, transformar y reformar en positivo lo que no funciona o funciona a medias, materializar desde las políticas públicas los anhelos ciudadanos, avanzar, velar por aprovechar al máximo las oportunidades en los terrenos que fueren, encontrar los necesarios balances, propiciar una superior definición de rumbos para el Distrito. Qque sean los 500 años un momento de oro para reflexionar y actuar sobre lo que queremos ser y hacer realidad el óptimo futuro colectivo que la ciudad clama, reclama y anhela, a efecto de no quedarnos, como siempre ha sido, en sosos como inanes discursos políticos que solo han servido para mantener y sostener una clase política que en vez de evolucionar ha involucionado al máximo y nadado a la deriva sin rigor y sin razón alrededor de las malas y peores decisiones gubernamentales, lo que sustento encuentra en lo evidente de nuestra angustiosa y angustiante situación territorial y administrativa pública.
Requerimos como ciudad sé de paso a los datos, acudir a narrativas con sustento argumentativo, priorizar las políticas soportadas en hechos y análisis, dejando de lado ideologías polarizantes, así como las desmesuradas ambiciones políticas. Concentrarnos en nuestra nueva realidad, guste o no guste a los actores políticos, en la verdad que lo real y verdaderamente interesante es en esencia la gente y la administración pública en su todo integral. Concierne salirnos de la irrelevante normalidad que afecta a los seres humanos, detenernos a observar los acontecimientos, proponer cambios, generar iniciativas, confirmar la convulsión por la que estamos atravesando para salirle al paso, acudir a sólidas respuesta y definir las mejores soluciones para todos.
Transformar en positivo debe ser el camino, despojarnos de las rápidas y graves sacudidas que nos están afectando, de la violencia que se han apoderado de nosotros, de la injusticia persistente, del futuro incierto, del no lugar que aún no tenemos en el mundo. Reconocernos. Aspirar a más. Escapar de lo dubitativo. Encontrar las respuestas satisfactorias que nos puedan llevar a la ruta del bienestar real más allá del soso e improductivo discurso. Consolidar gobiernos transparentes per se, que rindan cuentas y garanticen la transparencia y la rendición de cuentas de manera estructura y sin maquillajes. Ser pragmáticos y dejar de fantasear con un Distrito que no somos; y en cambio sí, exigir un gobierno eficaz, eficiente, efectivo, responsable de las finanzas públicas, comprometido, cumplidor de sus promesas y generadore de oportunidades.
Necesitamos que sea la nuestra una ciudad fuente de prosperidad, fortalecernos, robustecernos, buscar por todos los medios lo que mejor y superiormente pueda favorecernos, beneficiarnos. Mitigar las tensiones políticas. Apalancar nuestra identidad. Superar las divisiones sociales que tanto polarizan. Acudir a una narrativa inclusivo, equitativa, conciliadora, dejar atrás el discurso de «enemigos». Gobernar y gobernar bien en favor de todos; trabajar para todos, sin excepciones. Que se ejerza desde el balcón de la responsabilidad un liderazgo con independencia y criterio propio, priorizando el bienestar comunitario, en la certeza y afirmación que el discurso público debe ser una herramienta para construir puentes, toda vez que la inclusión y la diversidad deben ser pilares de una ciudad que aspira debe siempre y por siempre a la equidad, el bienestar, el progreso, integral prosperidad y definitiva justicia social; de ahí que sea obligación moral irrenunciable de autoridades y líderes de opinión, fomentar la unidad, dejando atrás las nada edificantes confrontaciones.
Mucho nos falta por y para avanzar, siendo urgente mejorar nuestra imagen de ciudad, más cuando la inseguridad nos ha afectado mucho en la percepción y credibilidad. Debemos explotar lo que tenemos, incentivar el turismo, ser proactivos con el discurso y nunca reactivos. Pero no todo depende de las autoridades. La ciudadanía juega un papel fundamental. Más allá de la crítica, es momento de pasar a la acción, de participar activamente en la construcción del Distrito que queremos. Desde el voluntariado y participación en el gobierno, hasta la vigilancia del ejercicio público, en la verdad que cada acción contribuirá al cambio y transformación en positivo que necesitamos.
Reflexión, acción, construcción y esperanza activa es lo que mucho requerimos, más que divisiones y discursos vacíos. Merecemos unidad, progreso y un futuro en el que cada ciudadano tenga voz y oportunidad. Santa Marta debe avanzar, cambiar y transformarse en positivo y sin duda desde el hoy, desde el ya, y no dejar lo cual, para mañana, como lo hemos visto siempre sin que nunca llegue lo bien y mejor anhelado.
*Jurista. Columnista. *rubenceballos56@gmail.com