RUIZ FRUTOS JULIAN MARTIN- Abogado. Especializado en Derecho Laboral

Por: Julián Martín Ruíz Frutos*

Imperativo es que tenga que irse a donde “sabemos” o al menos “suponemos” la superioridad moral que muchos pretenden y hasta hacen gala de ella, especialmente quienes están en esto de la política, que en nuestro medio no es otra cosa que politiquería. Y bien vale la pena puntualizar uno y otro término. Política es, modernamente hablando, el conjunto de actividades relacionadas con la toma de decisiones en grupo, la distribución de recursos y estatus, y la gestión de relaciones de poder dentro de una sociedad o entre grupos; perspectiva que amplía la concepción clásica de los asuntos de la ciudad para incluir el análisis de los fenómenos de poder, los sistemas políticos, la formación de políticas públicas, la participación ciudadana y las instituciones políticas en el contexto de las sociedades contemporáneas. Politiquería en tanto, es la degeneración de la política: el aprovechamiento  egoísta del poder o de la posición pública para fines de su vanidad o empobrecimiento. Se desenvuelve, en decir de algunos politólogos, en medio de la maquinación ruin, la vulgaridad, el mimetismo, los tránsfugas, la ausencia de ideas y la carencia de ideales. Allí se agota su acción de politiquero. El altruismo de la política es suplantado por el egoísmo de la politiquería”.

No puede ser más la moral una trampa en la que tradicionalmente se amparan muchos politiqueros de oficio. inmersos, los más de ellos en corrupción, que políticamente considerada es el abuso de un cargo o función pública para obtener un beneficio privado o particular en detrimento del interés colectivo. Implica el incumplimiento de normas o deberes públicos, a menudo mediante actos como el soborno, la extorsión o la malversación, lo que socava la confianza en las instituciones democráticas y perjudica el desarrollo social y económico. 

Es la nuestra una corrupción que no cesa a pesar de las una y más leyes de leyes de transparencia, lobbies, códigos éticos, rendiciones de cuentas, oficinas antifraude y planes de integridad que campean a todo lo largo y ancho del país para prevenir esta pesadilla. La moral no puede seguir siendo una superioridad presunta, sino un todo real, apoyado en un mejor hacer en beneficio y aprovechamiento colectivo, lo que de darse como debe y tiene que ser, es a todas luces incompatible en todo con esa corrupción galopante que nos agobia y sigue acompañando a estos politiqueros nuestros que la contienen y algunos salidos de madre hasta la muestran como parte de victoria.

Es flagelo que asoma de todas las formas y maneras, no obstantes los ingentes esfuerzos de los más que hacen y utilizan junto a obstáculos y cortapisas para taparla. Se pasea la corrupción por todas las esferas gubernamentales vestida de marrullas, triquiñuelas, prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, malversación, fraudes, y actividades prohibidas a los funcionarios públicos, todo ello remojado con buenos licores y la mejor gastronomía tanto criolla como universal para celebrarlo.

Nuestra corrupción ha traspasado todas las fronteras posibles a pesar de los esfuerzos que hacen sus promotores por y para negarla, entre los que están gobierno, socios, medios de difusión afines que día tras día mal quedan ante los ciudadanos que ya no comen cuentos, y de contera los señalan por cumplir con su fundamental función de control del poder, haciéndole de paso un muy flaco favor al ya maltrecho buen periodismo de otrora, no solo negando la evidencia sino también ocultando información de interés al conjunto poblacional y tildando de fachos a aquellos periodistas que si cumplen con su sagrado deber, lo que es una pena.

Nuestros politiqueros, sobre todo quienes están hoy en  el poder, no hacen sino insultar a quienes no comulgan con sus postulados ni con sus acciones, perversas, por cierto; pero lo que es peor, sin que nadie o muy pocos le den replica justa a sus bárbaros y desfazados pronunciamientos. Insultos, que traen causa de esa pretendida superioridad moral socialista, falsa de toda falsedad, que la derecha muchas veces pusilánime y acomplejada se traga, lo que igualmente algunas veces los hace sospechosos. 

*Abogado. Especializado en Derecho Laboral. Analista. Columnista.

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