Por: Rafael Robles Solano*

Hace solo un par de meses y quizás premonitoriamente, puse a consideración de los lectores de mis columnas, un artículo denominado: “DEFENSA DE LA ESTABILIDAD SOCIAL”, en la que someramente me refería a la situación que actualmente se vive en Colombia, advirtiendo que era: “… necesario reflexionar sobre este tema y su trascendencia en nuestra sociedad, lo anterior significa apreciar trasversalmente una serie de factores que afectan nuestra cotidianidad en todos los sentidos.”

En estos momentos llevamos tres semanas de huelgas generalizadas al amparo de un prolongado paro nacional promovido inicialmente desde las huestes sindicales, a las que se han venido sumando de una parte diferentes movimientos estudiantiles, de trabajadores no agremiados, de campesinos, de indígenas, docentes, pensionados, jóvenes de los barrios populares, etc., quienes con diferentes e inmemoriales problemáticas sociales y económicas, se vienen vinculando espontáneamente no solo para protestar, sino para reclamar reivindicaciones concretas por la carencia de fuentes de trabajo, educación y salud. Y por la restante, también concurren infiltrados de ambas extremas, interesados en promover y atizar las culturas del miedo y el odio de clases, como vimos recientemente en la ciudad de Cali; quienes apoyados y financiados desde ambas orillas, adelantan acciones conocidas como “terrorismo de baja intensidad,” teniendo como protagonistas a los anarquistas de siempre, los vándalos y demás delincuentes, que participan con otros propósitos, alterando con sus ataques violentos e indiscriminados principalmente contra el comercio, pero también contra todo aquello que sea susceptible de ser saqueado, dañado o destruido, como son los servicios públicos, vehículos e instalaciones de transportes públicos, los establecimientos financieros, los CAI (centros de atención inmediata) policiales, etc.        

Bajo éste marco de manifestaciones, debemos deplorar la arrogante actitud del Gobierno, que en vez de atender las crecientes reclamaciones desaprobando por inoportunas las mal llamadas reformas tributaria y de salud, insistió con ellas ante el Congreso, hasta conseguir el rechazo popular que ahora enfrentamos.   

Ya en medio del caos resultante de la irresponsabilidad gubernamental, es urgente que el Presidente, no pierda las riendas de su administración y maniobre rápidamente pero con prudencia, para restablecer no solo el orden institucional, sino controlar el de los desmanes antes aludidos, dispuestos por los bloqueos de vías nacionales y regionales, contribuyendo a causar más problemas y daños a los productos agrícolas y pecuarios, al normal abastecimiento de víveres, insumos industriales, médicos, al traslado de enfermos, etc. Bloqueos que evidencian la existencia de una estrategia diseñada y ejecutada para desestabilizar al país y que la sociedad civil, termine enfrentándose violentamente con los movimientos sociales.

Entonces cual es la alternativa, consiste en hacer una tregua de parte y parte, para propiciar escenarios de diálogos, que depuren y organicen las desbordadas pretensiones de los reclamantes, las cuales no miden, las realidades económicas y jurídicas para concederlas y materializarlas. Diálogos que necesariamente son previos a cualquier tipo de negociaciones, pero que en las condiciones presentes, autorizados regionalmente, lo cual significa que no existe un conducto unificado y concreto para ir seleccionando los aportes y los puntos de acuerdos preliminares. Situación que favorece se diluyan y no se materialicen los acuerdos, como aconteció en el año 2019.

Para los que no tienen la visión panorámica de lo que acontece a nivel político, les cuento, al Presidente lo están dejando solo, las instituciones del Estado, gobiernan a espaldas de la sociedad civil y del pueblo, porque el poder Ejecutivo, no escuchó, el poder Legislativo, los Representantes y Senadores brillan por su ausencia, porque estaban dispuestos a aprobar sin mayores reparos las dos inoportunas reformas que se han caído, y no por ellos, fue gracias a las manifestaciones de rechazo contra ellas, salvo por contadas excepciones, algunos se han pronunciado tímidamente y al que domina todas las encuestas, lo señalan de agitador, quizás por eso la extrema derecha, está aprovechando la situación, para reeditar la cultura del miedo y de los odios; mientras que el poder Judicial, naufraga en su paquidérmica ineptitud de administrar justicia y todos los tres poderes, sucumben ante el cáncer de la corrupción.

Concluyo reiterando y repitiendo lo expuesto en otra de mis anteriores columnas: “REGISTRO DE CRONICAS ANUNCIADAS,” manifestando mis temores porque esta escalada de situaciones violentas entre los que protestan contra el gobierno y los ciudadanos de bien, no culmine en una confrontación irreparable entre civiles.lideresocial@hotmail.com *Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL.   

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