Por: Abel G. M. Redacción National Geographic*
“El momento en que Roma llegará a su máxima potencia es cuando es gobernada por un emperador hispano, Trajano», dice el escritor Santiago Posteguillo. Hispania fue cuna de algunos de los personajes más relevantes de la historia romana, recuerda el escritor valenciano Santiago Posteguillo, reconocido por sus novelas históricas centradas en la historia romana y sus grandes personajes.
Desde Julio César, que empezó su carrera política como cuestor (el cargo de menor rango en el cursus honorum) en la provincia de Hispania Ulterior, hasta los que están considerados como dos de los mejores gobernantes de la historia romana, los emperadores Trajano y Adriano, nacidos en la ciudad hispaliense de Itálica. Julio César, sobrino y heredero político de Cayo Mario, es sin duda el personaje paradigmático de Roma; no solo por sus logros, sino porque en la historia su figura representa el punto de inflexión entre la República y el Imperio. Su carrera política y militar lo llevó cuatro veces a Hispania, y fue en esta península donde se libraron batallas claves como la de Munda, que terminó con una decisiva victoria contra el hijo de su gran rival, Pompeyo.
También fue en Hispania, concretamente en el Templo de Hércules en Gades (actual Cádiz), donde según la leyenda César lloró frente al busto de Alejandro Magno, lamentándose porque él era un simple magistrado menor, mientras que el conquistador macedonio a su misma edad se había hecho con el mayor imperio que había conocido el mundo. Y curiosamente, a pesar de que recibirá el título de dictador vitalicio, “Julio César se transformará en el heredero de esa lucha del pueblo por conseguir más derechos y más igualdad”, reflexionaba Posteguillo durante la conferencia Hispania, corazón de Roma, celebrada el pasado 8 de marzo en la Feria del Libro de Puy du Fou España (Toledo).
Después de César vinieron diversas dinastías de emperadores, algunos de ellos nacidos en Hispania. “El momento en que Roma llegará a su máxima potencia es cuando es gobernada por un emperador hispano, Trajano. Llevará a Roma a su máxima extensión y es, además, un gran emperador, que a mí me interesa por cuestiones de ejemplaridad. Tras él vendrá Adriano y finalmente tenemos un último emperador, Teodosio, que será responsable de una de los mayores decisiones históricas de la humanidad: el cambio de la religión oficial del Imperio Romano. No voy a entrar en si se estaba mejor antes o después del cristianismo, eso ya que lo decida cada uno”.
No solo emperadores. Pero no solo de emperadores se vive. “Hispania también dio grandes escritores a Roma”, continúa Posteguillo. “Escritores como Séneca o Lucano son de origen hispano. Quintiliano, que escribió uno de los mejores manuales de oratoria. La relativamente desconocida Egeria, que es una de las primeras mujeres que escribe un libro; en el que narra sus viajes desde Hispania, pasando por el sur de Francia, hasta llegar a Constantinopla, y de allí adentrarse por todo el Oriente hasta llegar a Alejandría y volver”.
Finalmente, no hay que olvidar a personajes tan famosos como anónimos de la historia romana: los gladiadores y aurigas, las superestrellas del deporte en la antigua Roma. Cayo Apuleyo Diocles, un lusitano que vivió en el siglo II d.C., fue el auriga mejor pagado de la historia romana, con una fortuna de casi 36 millones de sestercios (lo que actualmente equivaldría a más de 10.000 millones de euros).
Otro gran nombre del deporte romano – porque eso eran las luchas de gladiadores en Roma, un deporte y un espectáculo – fue Borea, un gladiador hispano que combatió durante la época de Nerón; y que recibió como premio una tésera de bronce, un honor reservado para aquellos luchadores que hubieran demostrado gran habilidad y valor.
Al final es muy posible que, como sostiene Santiago Posteguillo, una de las pocas cosas creíbles de Gladiator sea que su protagonista fuese un hispano.
*Periodista. Especializado en Historia y Paleontología