Por: Lisbeth Paola Barraza Escorcia*
Romper inercias puede ser un proceso complejo, pero puede generar condiciones de mayor aprendizaje y significa dejar de actuar de manera rutinaria y comenzar a tomar acciones nuevas. Ella, la inercia, es la tendencia a mantener un estado de reposo o movimiento, sin que actúe una fuerza externa. En el ámbito psicológico, es la falta de voluntad o energía para contrarrestar una inclinación. Laboralmente, puede ser un obstáculo para el cambio y la transformación. Cómo romper entonces la inercia, tomando conciencia de las acciones que se realizan, entrar en un estado de «no certeza», arriesgarse y tomar acción, abrirse a nuevas posibilidades, trabajar en conjunto con otros, valorar las diferencias, practicar el mindfulness para sincronizar mente y cuerpo, ejecutar las acciones que nos acercan a nuestra meta, aunque no tengamos el deseo de hacerlas.
Utilizar el pasado para entenderlo como experiencia y aprendizaje es sin duda alguna un buen comienzo, ya que permite esa utilización medirlo, mejorar, no dejar que se degraden los asuntos y menos cuando de la administración pública se trata, lo que urge concretar y dotar de sentido positivo la palabra transformación, en la certeza que no hay pisos superiores sin cimientos sólidos, de ahí la importancia inaplazable de invertir en la niñez y la adolescencia, romper inercias, fijar metas claras y acciones medibles como grandes oportunidades / responsabilidades, camino a alinear propósitos y prioridades, analizar el comportamiento histórico de la inversión pública como ejercicio fundamental; más, si consideramos que debemos darle mayor prevalencia a las comunidades más vulnerables en general como son niñez, infancia, adolescencia, y las que se encuentran en superiores condiciones de pobreza en particular.
Razones por las que convenga respecto de estos especiales derroteros, impulsar análisis históricos de estos asuntos, de suyo transversales, de los que se derivan múltiples ventanas de oportunidades, análisis que deben centrarse de conformidad con la calidad, homogeneidad y disponibilidad de una exacta información pública.
Las recomendaciones hechas por los especialistas de UNICEF, son muy claras mismas que con voluntad política, podrían definir el legado de los gobiernos, tales como: 1. Invertir en la infancia y adolescencia debe ser prioridad siempre, sobre todo ante eventos catastróficos y crisis económicas, considerando que se trata no solo de la inversión más segura, sino la más rentable. 2. Robustecer la inversión en la primera infancia de 0 a 5 años; grupo históricamente rezagado en términos de inversión en educación, salud y protección social, priorizando el establecimiento de un sistema nacional de cuidados de calidad, que alcance a la población sin seguridad social. 3. Fortalecer los mecanismos de acceso a la información pública y rendición de cuentas, a fin de dar certeza sobre los montos reales invertidos en infancia y adolescencia y sus repercusiones. 4. Institucionalizar la metodología para etiquetar y asignar recursos para la atención de niñas, niños y adolescente pues, aunque en 2022 se publicó la metodología, mejorar los registros de beneficiarios, permitiría conocer avances en las metas establecidas. 5. Dejar atrás presupuestos inerciales, mejorando la planificación y planteando presupuestos en base a resultados, a fin de evitar la ejecución ineficaz e ineficiente de los recursos.
Las niñas, los niños y los adolescentes no votan, pero invertir en garantizar sus derechos más básicos, define su presente, los adultos que serán y el país de todos y para todos al que aspiramos; más, por canto son ello el futuro mejor de toda sociedad.
*Lideresa Social. Conferencista. Columnista

