Por: José Manuel Herrera Brito.
Gran señor, grande amigo, padre y familiar ejemplar como excelente profesional fue en vida el doctor Ricardo Fonseca Franscesconi, quien partió hace ya un año al oriente eterno, dejando en nosotros todos quienes lo conocimos un inmenso vacío.
Fue un hombre bueno, un ser de excepción. Hoy escribo con dolor de alma, con dolor real estas líneas, con ese dolor que se sienta al lado de uno y nos recuerda álbum en mano la impronta de una persona querida. Amigo de afectos, no obstante conocerlo menos de lo que hubiese querido. De inteligentes conversaciones. Fue la vida misma de mi hermana del alma Elena Sofía De La Espriella Juris, su amantísima esposa, y de sus hijos, criados ellos a imagen y semejanza de ese matrimonio feliz y amoroso soportado en sólidos principios y valores inclaudicables.
Lo conocí relativamente poco, pero que fue tiempo suficiente para darme cuenta y sopesar la bondad, nobleza y solidaridad que contenía y brindaba a manos llenas. Entendía la vida como una gran promesa. Su formación familiar y profesional moldeó su manera de mirar la vida, nunca fue un hombre indiferente, abrevó siempre en ideas de progreso, de servicio social, no por moda ni por conveniencia, sino porque entendía que la dignidad humana no puede ser privilegio de pocos sino de todos.
Era también un hombre inquieto por lo intelectual como me pude dar cuenta, por la lectura de los clásicos, siempre vigentes, por las antiguas, válidas y dicientes maneras humanas de buscar la luz entre tanta oscuridad. Se preocupó de manera permanente por lo justo. Me trato siempre con ese afecto que solo nace en las personas generosas, en quienes no necesitan levantar la voz para dejar huella. Sencillo, tranquilo, atento, sereno, inteligente, valioso.
Fue Ricardo sin ningún asomo de duda persona distinguida, de singular y especial dimensión humana, hijo, esposo, padre, hermano, amigo, familiar, lector, hombre de ideas y de afectos. Fue de esos seres que pasan por la vida sin estridencias, pero dejando una claridad que solo se nota del todo cuando ya no están. Mis sentidas condolencias de nuevo a su esposa, a sus hijos y familia toda. Adiós, querido Ricardo, Adiós, hermano. Que tu tránsito siga siendo sereno. Que tu existir siga siendo vida y faro luminoso para quienes te conocimos y quisimos. Siga tu alma en paz, esa paz que merecen los hombres buenos y justos.

