SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ- abogado. Magister en Derecho Público. 

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Han expresado de manera reiterada connotados pensadores, cientistas sociales y académicos internacionales preocupados por un mejor vivir, que hoy más que nunca la vida debe caracterizarse por un sentido de responsabilidad universal, no sólo entre naciones y humanos, sino también entre humanos y cualquier otra forma de vida, lo que es más que evidente y valido en estos convulsos tiempos, en los que es innegable que si queremos tener un desarrollo inteligente y humano, debemos considerar a la urbe como un organismo interconectado, donde todos los componentes interactúen entre sí de manera dinámica; y no ver los elementos urbanos, como el transporte, la infraestructura, la vivienda y los servicios, de manera aislada, sino como una aproximación ecosistémica para comprender cómo estos factores se influyen y dependen entre sí para optimizar su funcionamiento y mejorar la calidad de vida de los habitantes.

De ahí que sean muchos y más los elementos esenciales a considerar en una visión de este naturaleza, como es Interconexión, sostenibilidad, inclusión social, infraestructura resiliente, tecnología e innovación, economía urbana sostenible, así como salud y bienestar, en la verdad que adoptar una visión sistémica implica también la colaboración entre los diferentes niveles de gobierno, el sector privado y la sociedad civil, determinantes en alto grado para desarrollar políticas integradas y estrategias coherentes, lo que en esencia traduce que se trata de construir ciudades que no sólo sean viables y funcionales, sino también equitativas y sostenibles para las generaciones por venir.

Concierne en relación a los diferentes aspectos del medio ambiente en lo urbano, considerarlos  desde una perspectiva integral donde importante sea la planificación urbana, redefinir es el concepto de ciudad sostenible, arraigarnos y acudir al sentido común, pero impulsarnos desde la innovación, alianza que nos permite ofrecer respuestas urgentes a los retos desafíos urbanos del siglo presente; sobre todo, por cuanto las disfunciones urbanas actuales y el impacto que éstas tienen sobre el planeta deben estar en el centro de las políticas públicas y empresariales.

Todo ello, con el fin de conformar una visión que unifique lo global con lo local, donde las personas y las leyes de la naturaleza se pongan en el eje de la planificación, puesto que no podemos continuar realizando únicamente evaluaciones financieras y económicas de los proyectos y programas, sino que necesitamos incorporar las evaluaciones de desarrollo humano, ambientales, sociales y culturales, rescatar las visiones holísticas existentes como punto apoyo e ir más allá; esto es, proponernos entender la ciudad como un ecosistema fractal, en el que una misma estructura, fragmentada o aparentemente irregular, se repite a diferentes escalas y tamaños; y donde lo biomórfico, que describe formas o diseños que imitan o evocan la apariencia de organismos vivos, plantas o el cuerpo humano, aunque sean abstractos; y, lo sistémico, que es lo perteneciente o relativo a la totalidad de un sistema; general, por oposición a lo local,  reemplazan la lógica lineal obsoleta, debiendo ser su enfoque no abstracto, sino una herramienta concreta, ya que la ciudad, como un ser vivo, tiene límites y ciclos, e ignorarlos no puede seguir siendo el error en el que por decenios se ha incurrido por parte de un urbanismo depredador; lo que impone, dentro de lo científico y el pragmatismo, entender a la ciudad como la grande estructura que es.

*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Magíster en Derecho Público. Columnista. saulherrera.h@gmail.com

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