Por: José Manuel Herrera Brito

Las disposiciones, medidas y decisiones que tengan que ver con la cosa pública es claro que las deben tomar las autoridades de orden político; las atinentes a lo sanitario, en contexto de realidades y conocimiento específico, los profesionales del área de la salud; las concernientes a la economía, los expertos del ramo y los agentes sociales; las inherentes a la educación, los educadores; y así en cada caso en particular. Pero si no trata de asuntos sectorizados, sino que confluyen situaciones de emergencia en los órdenes sanitario, económico y social como las que aún padecemos y vemos que seguirán en el tiempo, no es fácil tomar decisiones, debiendo contarse con el asesoramiento de especialistas de primer nivel por asignatura, más cuando por situaciones de retraso en las medidas que deberían tomarse en oportunidad, se pagan como en nuestro caso lo hemos pagado, en contagios, confinamientos, muertes y minándonos económicamente.

Enseña lo cual, que debe y ha debido existir siempre una coordinación eficaz y efectiva entre todos los sectores afectados, con agentes y especialistas entre el gobierno departamental -independientemente de lo que nacionalmente haya o exista- y los municipios, así como entre ellos mismos, a efecto que en cualquier momento que una emergencia se presente, de la índole que sea, pueda afrontarse en mejor forma la tarea de coordinación que permita tomar decisiones adecuadas desde las responsabilidades políticas, con el asesoramiento de expertos.

Difícil sin duda en situaciones extremas como esta, que suma aspectos críticos en lo sanitario, económico y social, equilibrar lo cual con educación, libertades y hábitos cotidianos, lo que hace urgente y necesario que las autoridades todas tomen de consuno las decisiones con la información que los expertos les hagan llegar oportunamente, a fin que los márgenes de error en estos y otros aspectos concomitantes sean lo menos graves posibles, toda vez, y ello es para tenerlo en exacta cuenta, independientemente que la rapidez, densidad y alcance como esto se presentó haya tomado por sorpresa a gobiernos, organismos internacionales, bloques regionales, países, regiones, departamentos, municipios y lógicamente a los ciudadanos, tenemos que estar preparados, ya que no es de recibo improvisar, engañar ni mentir para no caer ni vivir en una distopía; vale decir, en una sociedad imaginaria suponiendo un oscuro porvenir. Esa no puede ser la realidad que bajo ningún punto de vista debamos vivir.

Marca irremediablemente el covid-19 un antes y un después. Todos hemos tenido que adoptar medidas preventivas a fin de evitar ser contagiados, innumerables las muchas secuelas que tienen a todas las actividades e interacciones en situaciones de temor generalizado dibujando un panorama extraño, fantasmagórico, intrigante; pero sobretodo, amenazante, lo que no puede ser más de cara al porvenir, lo que obliga estar preparados para prevenir lo que previsible pueda ser.

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