Por: Ec. Omar Escobar
La aplicación de la teoría del comercio internacional a lo largo de la historia, ha contado con restricciones de todo tipo, en consecuencia, el desarrollo de los sectores productivos y la economía en general, no ha tenido los mismos resultados ni sido igual el beneficio en los países.
En la antigüedad, Egipto, Grecia, Persia y Roma desarrollaron un comercio muy dinámico con China y la India, pero no fue hasta el colonialismo – hijo del descubrimiento de América – que floreció el comercio mundial, propiciando cambios estructurales, como el fin del sistema feudal. España, Gran Bretaña, Holanda, Francia y Portugal desarrollaron una potente red comercial, que dio origen al mercantilismo y a la conformación de los nuevos Estados Nación gracias al Tratado de Westfalia de 1648. El absolutismo monárquico en Europa, es consecuencia de la intervención del Estado en la economía, con fuertes barreras a la importación, subsidios a la exportación y la promoción de grandes compañías monopólicas, como la Compañía de las Indias Orientales. Su objetivo, mantener una balanza comercial superavitaria. Su estrategia, obtener beneficios a costa de las colonias mediante la creación de grandes compañías monopólicas del transporte marítimo. Por su parte, las grandes potencias de la época, respaldaban el proteccionismo como una política de Estado… No duraría mucho… Después de la revolución independentista en EE.UU en 1776 y la revolución francesa de 1789, comienza el declive del mercantilismo y el auge del patrón oro donde la oferta monetaria estaba ligada a la balanza de pagos, y cuanto mayor cantidad de oro ingresase al país, la oferta monetaria aumentaría, y en consecuencia los precios… lo dijo David Hume…
A diferencia de los mercantilistas que sólo veían “superávit o pobreza”, aparecen los clásicos, con Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill, Jean Baptiste Say y Thomas Malthus, quienes sostenían que todos los países podían obtener beneficios del comercio a través de la división internacional del trabajo, en la que cada país debía especializarse en la producción y exportación de productos competitivos, así ambos países se beneficiarían – en efecto así sucedió para algunos países. La estrategia es liberar el comercio de la intervención del Estado. Los autores clásicos fueron grandes defensores del libre comercio y veían en el proteccionismo perjuicios para las compañías y los países menos adelantados dado que los altos aranceles perjudican tanto al país que los impone como a sus socios comerciales. Por su parte, los neoclásicos en favor del libre comercio, desarrollan el Modelo de Heckscher – Ohlin (H-O), para explicar cómo se producían las ventajas comparativas, teniendo en cuenta que los países debían producir aquellos bienes en los que en su producción se utilice, de manera intensiva, el factor de producción abundante en el país, por tanto, más barato y más competitivo el producto. Por ejemplo, en la producción de celulares, el capital es mayor en relación a la mano de obra requerida; ante un incremento en el precio de celulares, la retribución del factor capital, será mayor que la mano de obra. Entonces, cada país debe identificar su fortaleza en cuanto a factores productivos… aún se sigue aplicando.
Estas corrientes de pensamiento asocian estos beneficios a que el comercio amplía la gama de productos disponibles para los países, desde una óptica consumista. Por otro lado, surgen el estructuralismo, en contra del librecambio. Raúl Prebisch, decía que la economía internacional es asimétrica: centro y periferia; los primeros producen bajo economías de escala, con alta tecnología y capital, necesarios para competir y se llevan las ganancias. Los segundos, generan materias primas con poco valor agregado, escasamente competitivos y llevan las de perder. En ese orden, Latinoamérica intentó desarrollar un proceso de “industrialización por sustitución de importaciones” y en favor de la producción nacional. Los altos aranceles no tuvieron el impacto esperado, dado la escasa diversificación de las exportaciones, escasos mercados externos, las oscilaciones de las tasas de cambio y bajas en los precios internacionales de los commodities.
El arancel, como impuesto, repercute en el precio del producto importado y protege el valor agregado nacional, dado que eleva el precio del producto importado y su cuantificación es base de la negociación de los acuerdos comerciales bilaterales en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Así las cosas, la variación arancelaria afecta no solo el producto sino una rama de la industria sobre la que se está negociando y sobre la que se aplicará “la cláusula de nación más favorecida”. Definitivamente, un incremento arancelario es una forma de protegerse de la competencia extranjera, dado que disminuye el consumo de bienes importados. La pregunta es: ¿qué sucede con el bienestar general? Al aumentar el precio del producto importado, los productores locales estarán dispuestos a ofrecer mayores cantidades de bienes, pero a ese precio alto, los consumidores demandarán menos productos y en el mediano plazo disminuye la oferta y la capacidad exportadora del país, perdiendo posiciones en el mercado internacional. Por el contrario, el proteccionismo crea “sectores protegidos” que puede vender sus productos a precios más altos, con lo cual mejora el sector y mejoran los salarios y rentas del capital… y lo mejor, el Estado subvenciona a los productores mediante transferencias al sector.

Nos queda claro que las actuales industrias locales de USA no pueden competir frente a las más desarrolladas de Asia, dado el quebranto de la productividad industrial. Cabe preguntarse: ¿la política comercial de Trump, va más allá de la mera protección de su economía? ¿Es acaso una estrategia activista por parte del Estado? ¿Es una Política Comercial Estratégica, basada en la sustitución de importaciones y la promoción simultánea de ciertas exportaciones para potenciar industrias con alto valor agregado que generen economías de escala y productos altamente competitivos como la producción de microchips, los metadatos, IA, robótica, etc.? Me atrevo a afirmar que en dichos sectores hay inversiones de los magnates que hoy hacen parte del círculo más íntimo de Trump, quien creará y promocionará “sectores privilegiados” a los cuales les transferirá recursos del Estado.
EEUU enfrenta el déficit comercial más grande en su historia y ve en peligro que su hegemonía sea arrebatada por la China Comunista. El imperio en la figura de Trump, toma los aranceles como instrumento de guerra comercial que puede llevar a un doloroso y largo camino de recuperación. Es probable que al final del cuatrienio disminuya el déficit comercial a costa de quebrar al resto de países tercermundistas, toda vez que sus presidentes no defiendan la industria de sus connacionales. Prohibido olvidar que los tratados con USA, siempre favorecen al más competitivo y la manera tan arbitraria como lo están haciendo afectará el índice de incertidumbre mundial en el comercio; un aumento del índice denota un recrudecimiento de la incertidumbre. Desde 2018, está aumentando con fuerza, dado por la guerra comercial entre China y USA que se manifiesta en un lento crecimiento de la economía mundial. El aumento de la incertidumbre anticipa una contracción significativa del producto y se han visto más afectados los países de economías avanzadas. Eso no parece importar a los poderosos bárbaros, ni a sus seguidores quienes serán víctimas en un escenario muy probable, más en cualquier escenario -positivo o negativo- las “industrias protegidas” de Trump, Musk, Zuckerberg y Bezos, entre otros, saldrán airosas gracias al “papa Estado”, … y eso que no son comunistas.

