MÉDICO HERNANDO RAFAEL PACIFIC GNECCO

Por: Hernando Pacific Gnecco*

Un automóvil, cuanto más tecnológico y electrónico, más sabe de ti, de tus hábitos de conducción y de un sinfín de datos. Hasta antes de la conectividad, un carro solo era un vehículo que te llevaba del punto A al punto B sin más consideraciones. Motorización sencilla, fabricados para durar eternamente, de fácil y económico mantenimiento. Pero eran golosos y poco eficientes termodinámicamente, y mucho menos seguros.

Los carros antiguos entraron en decadencia cuando distintos modelos resultaron peligrosos; tenían una deficiente distribución de pesos, frenos menos eficaces y sistemas de seguridad bastante elementales.

La crisis del petróleo ocurre casi en simultánea con la introducción de la inyección electrónica, que inmediatamente reemplazó a los carburadores; hacia los años 90, la exigencia de cinturones de seguridad, ABS y airbags se acopló con las normativas ambientales que obligaron a motores más eficientes. La electrónica se volvió más una necesidad que un lujo. Finalizando el siglo pasado, aparecen los primeros coches híbridos que acoplan baterías a motores de combustión, buscando mayor ahorro de combustible. El creciente rigor de las normas ambientales y de seguridad obligó a la implementación de varias computadoras autónomas interconectadas entre sí (entre 30 y 50 en modelos normales), cuya gestión está a cargo de un complejo mando central, el ECU (Engine Control Unit), en el cual se almacenan los datos de funcionamiento del motor y demás partes del vehículo; también, corrige permanentemente los problemas que se van presentando de seguridad, confort, rendimiento, entretenimiento, geolocalización, y otras asistencias importantes como cámaras, sensores de proximidad y control de crucero adaptativo, entre muchas más. Incluso, permite escoger manualmente los distintos tipos de conducción que ofrece cada marca y modelo.

Empezando este siglo aparecen el GPS nativo y el Bluetooth, hoy indispensables; la creciente incorporación de sistemas electrónicos hizo del automóvil todo un ecosistema de software y hardware interactivo; ahora son centros de datos rodantes gobernados por IA, que se conecta tanto con nuestro móvil, las plataformas de cada marca, las aplicaciones instaladas, y la nube. Entonces aparece un problema; ¿quiénes, cómo y para qué recogen nuestros datos? La parte positiva: el fabricante se interesa por tu modo de conducción, revisa los sistemas de seguridad y eventuales fallos mecánicos que muestra en las pantallas del carro; así, realiza ajustes, mantenimiento remoto, mejoras de diseño y seguridad del producto, elabora estadísticas, realiza marketing, pero también puede vender datos. Las aseguradoras acceden a información permanentemente: ubicación, identificación del automóvil, hábitos de manejo, kilómetros recorridos, eventos de riesgo, diagnósticos en talleres de cada marca y otros datos para elaborar un “perfil de usuario”; pueden usan esos datos en casos de reclamación: scoring, que llaman.

¿Cuáles datos adicionales entregan la interacción entre tu móvil y tu carro? Si activas algunas autorizaciones, los interesados obtendrán tus contactos, registro de llamadas, agenda, uso de manos libres, aplicaciones, música, aplicaciones que usas, etc. Entre los datos técnicos están el nivel de combustible y batería, puertas abiertas, cinturón de seguridad colocado o avisos de mantenimiento y averías. Los carros que cuentan con sistema ADAS gestionan frenados automáticos o cambios de carril; realmente, hay muchos beneficios derivados de esa interconectividad.

Pero hay una parte no tan chévere: ¿espionaje o vigilancia estructural? Si bien no hay una persona (hacker o cracker) vigilándote desde un recinto con varios computadores trabajando en el internet oscuro, sí que hay sistemas automatizados que recopilan y almacenan datos; el problema es la venta de esos datos a distintas compañías y lo que hagan con ellos: publicidad dirigida por IA, scoring o decisiones automáticas sobre ti y tu carro. Lo grave es que no controlamos el flujo de datos ni lo que hacen con ellos.

Por lo pronto, desactiva servicios que no uses, revisa el menú de privacidad en tu carro y en tu móvil, usa solo lo imprescindible, revisa tus aplicaciones y permisos, etc. Hay muchas acciones que puedes tomar sin perder seguridad y conectividad. ¿Pueden hackear un automóvil?

*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com

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