Por: Saúl Alfonso Herrera Vengoechea*
Parto de la base que como jóvenes tenemos que ser real y verdaderamente activos, participar siempre, visionar porvenir, ser conscientes que poseemos perspectivas y opiniones importantes que a menudo no son escuchadas. La participación activa nos da poder a los jóvenes y juega de hecho un papel vital como determinante en su propio desarrollo; de ahí que para aumentar la participación es necesario que haya una comprensión más colectiva y mejorada de lo que implica la participación de los jóvenes y cómo se puede hacer comprender por los niños y adolescentes.
Interesa e importa sobremanera el la participación de los jóvenes en el cambio social, en el desarrollo humano, en el crecimiento económico y en los temas de innovación tecnológica, por lo que concierne la inclusión de las aportaciones de nosotros los jóvenes para determinar los métodos de aprendizaje más eficaces al afirmar que los asuntos de la juventud no llegarán alto en el radar sin la participación de los jóvenes, tazón por la que debemos tener mayores iniciativas para ayudar a garantizar que los derechos de los jóvenes se cumplan, para evaluar los niveles de comunicación y tomar medidas en las comunidades utilizando un enfoque de abajo hacia arriba.
Además conveniente es, potenciar y hacer necesario que se reconozcan nuestras opiniones, al tiempo de hacer ver que no es que los jóvenes necesiten aprender a trabajar con adultos, sino que los adultos necesitan aprender a trabajar con los jóvenes, opinión que sin duda dará forma en cuanto mejorar el diseño de los programas que se inicien en algo más práctico y eficaz.
En todo caso y esllo es definitivamente un requisito, que tenemos que mejorar la motivación e incrementar la participación, en lo que ayuda que haya más diálogo y más exposición para el aprendizaje, puesto que lo que queremos es una manera de hacerlo, por lo que deben darnos la oportunidad y nosotros tomarla.
Entendemos hoy más que nunca los jóvenes que la participación activa de la juventud es un derecho fundamental y un motor clave para el desarrollo social, económico y político, ya que permite que nuevas perspectivas y opiniones sean escuchadas en los procesos de toma de decisiones; por ello es que debemos propender por que se nos involucre de manera significativa, a efecto de fortalecer nuestro sentido de pertenencia y empoderamiento, y así de mejor forma y manera convertirnos en agentes de cambio positivo en nuestras comunidades.
La participación juvenil es fundamental, ya que impulsamos al cambio (los jóvenes traemos innovación tecnológica y nuevas formas de pensar, fundamentales para el cambio social); a la construcción de paz (al ser vitales en su consolidación en las estrategias territoriales); al desarrollo integral (al fortalecer habilidades, capacidades y la toma de decisiones sobre los asuntos que afectan nuestras vidas); a la incidencia Política )al permitir la influencia en la construcción de agendas públicas y la vigilancia de la gestión pública).
Igualmente, dentro de los espacios y mecanismos de participación existen diversas formas en que podemos involucrarnos activamente en su entorno, como son: los Consejos Municipales y Distritales de Juventud (CMJ), escenarios institucionales de diálogo y concertación entre los jóvenes y la administración pública; voluntariado, que actúa como una puerta de entrada para la participación social, permitiendo el trabajo comunitario; la participación comunitaria y social, misma que se da a través de grupos de base, colectivos, movimientos estudiantiles y otras formas de asociación, que a menudo son más cercanos a las realidades locales que la política tradicional; a las plataformas digitales, con el uso de redes sociales y herramientas tecnológicas para la participación cívica y la movilización social.
Para que la participación sea efectiva y significativa, debe superar el hecho de solo ser escuchados» y convertirse lo cual en una participación sustantiva con inclusión (reconocer la diversidad de orígenes, géneros, orientaciones sexuales y etnias; espacios seguros (garantizar entornos accesibles y seguros para el intercambio de ideas); empoderamiento (formarnos en ciudadanía, cultura política y argumentación para evitar su manipulación.
En síntesis, fomentar una juventud activa requiere el apoyo de la familia, la escuela y el Estado para asegurar que nuestras voces estén en el centro de las discusiones, asegurando así un futuro más equitativo y definitivamente democrático.
*Estudiante de Décimo Grado de Bachillerato. Colegio Cristiano La Esperanza. Columnista

