Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
Soportados en teorías, las más de ellas abstrusas, se generan procesos autodenominados revolucionarios que tienden y de hecho seducen, enamoran y pescan incautos, pero en el fondo, no resuelven los problemas que tiene la ciudadanía y muchos menos los de sus territorios, como lo hemos visto a través de negativas experiencias sucedidas en muchas latitudes orbitales, que han vivido absurdos estallidos sociales que han convocado en sus momentos, errónea y equivocadamente, a miles de personas que prestándole atención a los cantos de sirena salieron a las calles a protestar contra su sistema político, económico, social y demás otros embelecos, “protestas” que solo sirvieron para vandalizar negocios, monumentos, iglesias y generar una violencia salida de madre, pero como antes dije, sin resultados positivos, solo barbarie.
Irrupción de estallidos sociales en muchas de esas sociedades en las que antes de los mismos eran consideradas como un ejemplo de estabilidad política y económica: pero que después de haber vivido tamaños desvaríos, se sumergen en intensas polarizaciones políticas y fuertes divisiones sociales, retrasando a futuro que su democracia se reconcilie con su historia, con un sistema político y con una economía de mercado que vuelva al país por caminos de bienestar, adelanto, prosperidad y riqueza.
Sociedades las cuales, luego de tan fatídicos sucesos entran en una espiral de despropósito, odios y resentimientos de clases sociales e identidades políticas, demorándose eternidades para que sus aguas regresen a su cauce, determinando que no vuelvan a ser tenidos en cuenta y con muy pocas posibilidades de ganar quienes equivocadamente actuaron, quienes una vez se presentan a pedir el favor popular, obtienen solo resultados catastróficos, tiempo después de creer soberbiamente que serían fundadores de un nuevo país.
Tales experiencias palmariamente nos demuestran una ay otra vez que dichas revoluciones al garete seducen y atraen, pero definitivamente no resuelven los problemas de la población, ya que los partidarios del todo o nada, si bien tienen buena prensa y suman aplausos, lo que indica que a la postre crean más felicidad los sensatos que quienes abusan de las buenas prácticas democráticas.
Al mismo tiempo, los procesos democráticos, más exactamente los eleccionarios, dejan muy en claro que la gran mayoría de la gente ya no quieren experimentos ideológicos y repudian abiertamente a quienes pretenden seguir dividiendo y sembrando el odio con base en los orígenes sociales, étnicos, sexuales, de cualquier otro tipo o circunstancias. Solo quieren vivir en orden, con seguridad, y con un gobierno que no entorpezca a quienes invierten, crean empleos y que además saben que edificar, construir, es lento y laborioso, mientras que la destrucción es cosa de segundos. En esencia y suma termina triunfado a Dios Gracias, sensatez y sentido común.
*Abogado. Analista. Columnista. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público.

