JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO- periodista y abogado

Por: José Manuel Herrera Brito

La política siempre refiere vida en comunidad, en lo que acuerdan y convergen los más connotados estudiosos de esta tan especial temática. La ciencia política precisa y la refiere como la gestión del conflicto social, partiendo de la idea fundamental que la vida en sociedad genera conflictos de manera natural, en atención a que los seres humanos tenemos diferencias de todo tipo (sociales, económicas, culturales, ideológicas) que a menudo se traducen en desigualdades en el acceso a recursos y oportunidades que crean tensiones, tales como que quienes están en una posición ventajosa buscan mantenerla, mientras que quienes se sienten perjudicados aspiran a mejorar su situación, surgiendo entonces la política como la respuesta colectiva a dichas tensiones. Su objetivo no es necesariamente solucionar los conflictos de una vez por todas -algo a menudo imposible-, sino regularlos para garantizar la cohesión social y evitar que la comunidad se desintegre; de donde tenemos que lo que distingue a la política de otras formas de gestionar conflictos (como un acuerdo familiar o una transacción comercial) es su capacidad para tomar decisiones que son vinculantes para todos los miembros de la comunidad y se respaldan con la capacidad de usar la coacción, es decir, la fuerza si es necesario, para asegurar su cumplimiento. Por tanto, responder a qué es la política implica reconocerla como esa actividad colectiva que busca mantener la sociedad unida a través de la gestión obligatoria de sus conflictos inherentes. Clásicamente la pregunta sobre qué es la política ha recibido múltiples respuestas: somo control y poder, como actividad institucional, como búsqueda del bien común y como defensa de la comunidad, visiones que nos muestran que la respuesta a qué es la política es compleja y multifacética, abarcando desde el ejercicio del poder hasta la organización institucional y la persecución de fines colectivos.

Los partidos políticos, se conceptúa, son organizaciones de ciudadanos que comparten ideas e intereses para participar en la vida democrática de los países, principalmente compitiendo por el poder para gobernar mediante elecciones. Su función principal es canalizar las demandas de la población, promover la participación ciudadana y ayudar a formar la voluntad popular. Para lograr sus objetivos, presentan candidatos a cargos públicos y proponen programas de gobierno para influir en las decisiones del Estado; y, son sus funciones y características principales representar a la ciudadanía, promover la participación, competir por el poder, formar la voluntad popular u organizarse formalmente.

Una crisis política es una situación de inestabilidad institucional que puede surgir de forma repentina y peligrosa, poniendo en riesgo la legitimidad del gobierno y su capacidad de funcionar. Se caracteriza por la interrupción de la normalidad política, a menudo desencadenada por factores como corrupción, falta de representación ciudadana, tensiones internas, presiones externas o fallas institucionales, siendo sus causas comunes inestabilidad interna, crisis de representación, factores externos, crisis económica; y, sus características clave, imprevisibilidad, inestabilidad institucional, erosión de la confianza en las instituciones y complejidad, consecuencia un entramado de factores internos y externos. 

La credibilidad o calidad de creíble, es la cualidad que permite que una persona, organización o información sea percibida como confiable y digna de ser creída. Su valor no radica únicamente en la veracidad objetiva del mensaje, sino también en una serie de componentes subjetivos y objetivos que determinan la confianza que otros depositan en él. Es un valor fundamental en las relaciones humanas y en la comunicación, ya que depende de la consistencia entre las palabras y los actos, así como de la percepción de integridad y transparencia. Históricamente, el concepto de credibilidad se remonta a la Retórica de Aristóteles, quien definió tres componentes esenciales de la persuasión: Ethos (credibilidad de la fuente), Pathos (apelaciones emocionales) y Logos (la lógica del argumento). En este marco, el Ethos, o carácter de la fuente, engloba tanto la confianza como la competencia del emisor, aspectos que consolidan la credibilidad. Aristóteles subrayó además que la credibilidad depende de factores subjetivos, características objetivas del mensaje y de la fuente.

Se construye a lo largo del tiempo a través de la coherencia, el respeto y la autenticidad, y se consolida en cada interacción mediante la honestidad y el cumplimiento de los compromisos. Es pilar fundamental en las relaciones personales y profesionales y en ciertas disciplinas, como el periodismo, la política o la educación, ya que estas profesiones dependen en gran medida de la confianza que el público deposita en quienes transmiten información o lideran proyectos. Implica componentes clave como consistencia, transparencia, competencia, ética, responsabilidad y cumplimiento; y entre sus beneficios esta el ´permitir establecer una base sólida de confianza en las relaciones personales, profesionales e institucionales. Una fuente creíble inspira respeto y hace que los demás se sientan seguros de sus intenciones y acciones; aumentar la influencia y la capacidad de persuasión de las persona u organizaciones percibidas como creíbles: ir de la mano con la honestidad y la transparencia. Quien es creíble puede abordar situaciones complejas o difíciles sin generar desconfianza, fomentando una comunicación clara y sincera; ser esencial para construir y mantener una buena reputación; y, reducir la necesidad de control o supervisión, lo cual promueve la autonomía y el compromiso.

Visto lo expuesto y a manera de reflexión seria y profunda, podemos preguntarnos, ¿Será posible en adelante una política ejercida en su mejor sentido, con partidos bien definidos en sus proyecciones y capaces desde sus dirigencias de superar crisis y hacer volver la credibilidad de la gente en ellos y en las instituciones?

Falta y mucha nos hace, en lo que cabe empezar por la existencia articulada y armónica en el interior de los mismos, al igual que decidan, se impongan agendas y marquen pautas para el crecimiento democrático desde lo local a lo nacional, a la par que respondan a los intereses superiores de la comunidad, que hoy lucen desdibujados, sin liderazgos visibles que real y verdaderamente valgan la pena, toda vez que hoy divagan sin el rumbo requerido tratando de salvaguardar intereses personales y ya ni siquiera de grupo, movimiento o partido, como se demuestra con los vaivenes de muchos de sus militantes que deciden dejar atrás sus aparentes ideales para llegar a engrosar las filas de otras banderías, lo que anuncia un éxodo de militantes en la búsqueda y procura de acomodarse tras la suma de propios beneficios.

Nuestros partidos se rompen cada día, cada vez más y nadie en la dirigencia nacional mete orden, los pleitos en el Congreso son un asco, se nota el caos, las fracturas quedan expuestas, la disputa por el poder, los cargos y el dinero lo pelean a cuchillazos. Hay mucha gente que miente en los partidos, que es corrupta, que no comparte sus principios, sus valores ni sus fundamentos, están en ellos por conveniencias, lo que da para creer que los enemigos principales de los partidos están en su seno mismo generando disputas internas, batallas intestinas, lo que lleva a que se desvíen los rumbos y las derrotas se multipliquen, lo que no deja de ser una vergüenza. *saramara7@gmail.com

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Un comentario en «POLÍTICA, PARTIDOS, CRISIS, CREDIBILIDAD»

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