Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Nuestros pueblos y sus gentes necesitan respuestas satisfactorias por parte de la clase política, obligada, imperiosamente por demás, a ser ética y decente; más, por cuanto sufriendo estamos de una fuerte contracción económica, mayor pobreza, desempleo inmenso, desorbitada informalidad. Una ciudadanía navegando en la incertidumbre, airada, resentida, irritada, cansada, temerosa y presta a salir, pendiente de protestar, reclamar seguridad y medidas ciertas de protección, que no pañitos de agua tibia, ante la emergencia múltiple que aún vivimos con sus desastrosas consecuencias.

Ávidos están nuestros coterráneos de soluciones en materia social, que se observen los elementos mejores que puedan ser en la búsqueda y procura de constructos que fomenten, impulsen y potencien empoderamientos y emprendimientos que traduzcan canales efectivos de progreso y bienestar general. Que se debatan toda una serie de propuestas preocupantes que llaman a la reflexión, cuestiones muchas que deben ser tenidas en cuenta por todos y ayudar puedan a robustecer en manera relevante la composición del tejido social en espacios de integración y verdadera cohesión.

Espera la comunidad que se trabaje comprometidamente y como propósito en favor de la vida, de la familia, de los valores superiores, lejos de los extremos y en contextos de inclusión. Ir tras la solución de situaciones de crisis, de levantar la economía, de reestructurarla, de vitalizar como se deben  los sistemas de salud y educativo. No podemos perder la esperanza, como tampoco caer de tajo en una generalizada depresión colectiva con respecto a la política, lo que sería más que grave, desastroso a todas luces.

Requerimos de un hacer político con ética, decente, cierto, bien intencionado. Entender y actuar en consecuencia respecto que la buena política debe estar dirigida hacia el bien común. Una política orientada al cuidado de los más vulnerables, los marginados, los olvidados de la fortuna, Buscar siempre de manera incesante el diálogo, la justicia, la reconciliación, el servicio a los demás, garantizando los derechos fundamentales de la persona, el buen gobierno y el bienestar general. Un hacer bien las cosas, un definir de la mejor forma y manera los asuntos inherentes a la cosa   pública, todo lo cual bajo el manto de la trasparencia y la independencia. Donde no haya dudas, donde todo sea de cara a la gente, donde no haya confusión ni incertidumbre, ya que de lo que se mantenernos estables y en progreso constante.

En aras de prosperarnos necesitamos de la reconciliación, de la fraternidad, de la mano extendida, del respeto, de escucharnos, de buscar la unidad, de encarar nuestros problemas en ruta de soluciones firmeza, convencidos, libres de violencia y exclusión. Requerimos certezas de futuro, de un más expedito porvenir. Que los revanchismos y las vindictas no tengan cabida en el camino de los valores a consolidarse, y tener todos la dignidad y entereza de poner ideas e inteligencia al servicio de la comunidad. Necesitamos, independientemente de los resultados, que todos sin excepción trabajemos juntos para poder avanzar en la mitad de uno de los períodos más azaroso de nuestra historia reciente.

 saulherrera.h@gmail.com

*Abogado. Especializado en Gestión Pública

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