Jose Guillermo Claros Penna- Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado.

Por: José Guillermo Claros Penna*

Reunido en días pasados con un grupo de profesionales y jóvenes promesas de nuestro amado departamento, llegamos en consenso a la conclusión que hay que marcar de manera importante y urgente  para el Caquetá  un antes y un después en su vida territorial y en la vida de sus pobladores, reuniones y acercamientos los dichos en los que he visto entusiasmo, ganas que salgamos de salir avante y sin egoísmos  para sacar a flote proyectar, potenciar e impulsar a nuestra unidad territorial, propósito en el que necesitamos  muchas como grandes iniciativas, personas centradas, pensantes y visionarias de un mejor futuro para todos.

Tenemos que poner la mirada lejos, hacer a los jóvenes en realidad y verdad parte del presente y de las decisiones que se tomen, ya que ellas determinarán las oportunidades que tendrán para empezar a aportarle al aportar al país; razón de peso por la que como departamento necesitamos profesionales preparados, puesto que se necesitan en las empresas, emprendiendo, investigando, desarrollando tecnología, innovando, como y también asumiendo responsabilidades en nuestras instituciones. Preparación que no termina en un título universitario, sino que además se ponga la ética de trabajo en el centro, ya que ella, la ética se demuestra al cumplir una responsabilidad, aunque nadie esté mirando. En prepararse para una misión, para una función, para un cargo antes de ocuparlo. Reconocer que no sabemos algo y tener la disciplina para aprenderlo, lo mismo que entender que una decisión profesional, empresarial o pública tiene consecuencias sobre otras personas.

Importa todo lo cual especialmente cuando hablamos de corrupción. Con frecuencia pensamos que para combatirla necesitamos más normas, nuevos controles o leyes más duras, herramientas si bien necesarias, es claro que ninguna ley puede reemplazar a las personas que deben aplicarla. Se pueden diseñar mejores instituciones, pero necesitamos personas capaces de hacerlas funcionar; de allí que cuando discutimos sobre nuevos empleos, nuevas normas o la transformación de nuestras instituciones, importaría también preguntarnos quiénes estarán preparados para asumir esas responsabilidades. Mérito y capacidad no pueden quedar en segundo plano, puesto que la capacidad para ocupar un puesto no puede ser negociable; y, además entender que no basta con ser joven para representar un cambio. Las nuevas generaciones tienen que prepararse, desarrollar pensamiento crítico, aprender a utilizar la tecnología sin dejar que esta piense por ellas y, sobre todo, construir una forma de trabajar soportado en conocimiento, carácter, criterio, responsabilidad, compromiso e integridad.

Ciero es también que a las empresas e instituciones les cabe la tarea de abrir espacios donde el talento pueda desarrollarse y el mérito sea reconocido, partir de la convicción que tenemos que acercar la formación al mundo empresarial y reconocer a jóvenes que demuestren desde temprano, talento, constancia y disciplina. Entender que nos asiste hoy la grande y consciente responsabilidad con las generaciones por venir, mantenerla con los años, sobre todo cuando lleguen las decisiones difíciles. El Caquetá lo necesita.

*Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado. Master en Derecho Público. Candidato a Doctor en Derecho. Columnista  

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