Por: Hernando Pacific Gnecco*
Desde el siglo XII la Escuela Médica de Salerno, pionera en los estudios científicos, permitió la formación de mujeres médicas. Las egresadas fueron denominadas Mulieres Salernitae (Mujeres de Salerno), entre ellas Rebeca de Guarna, Francesca di Roma, Abella de Salerno, Mercuriade de Salerno, Constanza Calenda o Clarice Durisio. La más destacada fue Trotula de Ruggiero, pionera en ginecología y obstetricia.
La biblioteca de Salerno tuvo intercambios académicos con el Oriente Próximo y Occidente; contenía obras de Galeno, Avicena o Hipócrates; el conocimiento era lo primordial. Pero estas brillantes mujeres casi fueron borradas de la historia, situación que se ha repetido a través de la historia: víctimas de ello han sido Rosalind Franklin, Lise Meitner, Jocelynn Bell Brunell o Nettie Stevens. A esto se le ha denominado Efecto Matilda.
Trotula nace a principios del siglo XII; poco se sabe de su vida, aunque siempre estuvo vinculada a la Escuela Médica, igual que su marido, Johannes Platearius, y sus dos hijos, Matthias y Johannes el joven, todos médicos. Trotula escribió varias obras que fueron referentes científicos durante mucho tiempo, entre ellas “De passionibus mulierum curandorum”, conocido como Trotula Maior, y “De curis mulierum”, Trotula Minor. Murió a edad avanzada gracias a sus conocimientos médicos. Los copistas medievales posteriores masculinizaron su nombre en los textos o, sencillamente, atribuyeron la autoría a científicos hombres; “era imposible que una mujer dominara tales conocimientos”.
El efecto Matilda no es un hecho aislado. De hecho, con escasas excepciones, el machismo las ha borrado de casi todos los campos científicos y artísticos desde tiempos inmemoriales. Hasta hace un siglo no les eran permitidos los estudios universitarios ni pertenecer a las academias científicas. Regularmente eran relegadas a posiciones subordinadas, y los trabajos científicos eran firmados por hombres. Esa tradición determinaba un sesgo cognitivo implícito, similar al de los copistas de Trotula; el genio científico se ha asociado al género masculino. Otra situación relacionada es que los científicos hombres tienden fuertemente a citar a los varones.
En 1933 la historiadora estadounidense Margaret Rossiter acuñó el término Efecto Matilda para mostrar la invisibilización histórica a las mujeres científicas en favor de sus colegas varones; se basó en Matilda Joslyn, abolicionista del siglo XIX. El sociólogo neoyorquino Robert Merton realizó un estudio relacionado con quienes llegan en primer lugar a la meta y terminan viendo el premio en manos del segundo; a veces, ni siquiera obtienen una mención honorífica. Merton lo denominó “Efecto Mateo” basándose en la parábola de los talentos del Evangelio:
“A cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”. Al verterlo a las mujeres científicas pioneras, notó una concluyente invisibilidad de sus logros; se les desconoce su talento y, si bien les va, recogen migajas de su talento.
El plagio o el robo de autoría en trabajos científicos es frecuente y no solo afecta a las mujeres. Tampoco se limita al ámbito científico; más allá de la falsificación, el arte ha sido afectado; se reproducen pinturas, esculturas, canciones, personajes o fotografías sin autorización ni reconocimiento. Las soluciones para reducir los efectos Matilda o Mateo pasan por la Taxonomía de Roles de Colaborador, la cual define el papel exacto de cada autor en un trabajo científico; la revisión por pares en estudios doble ciego, eliminando sesgos de prestigio y género. La campaña española #NoMoreMatildas de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) ha conseguido reintroducir en los textos escolares a las científicas borradas. En el campo artístico, en el cuál Margaret Keane, Colette o Artemisia Gentileschi (Marietta Robusti) han sido algunas de sus víctimas, se propone un completo registro oficial de obras y autores, intensificar la protección de los derechos de autor, así como guardar borradores y archivos originales con todos los datos que demuestren la autoría.
Apostilla: Bienvenido el Premio Nobel de Literatura a la canadiense Anne Carson, y el de la Paz a la surafricana Navi Pillai.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com

