Por: Rafael Robles Solano*
Estamos viviendo una crisis institucional sin precedentes en nuestra precaria historia republicana, si rememoramos que durante el siglo XX, para neutralizar y aplacar la cruenta violencia política de los años 40 a 60, se debió recurrir a la figura del Frente Nacional, (alternancia entre los dos partidos tradicionales, Conservador y Liberal), la que se inició en 1958 y terminó en 1974, con la que se pretendía pacificar al país con ocasión del golpe de Estado de Rojas Pinilla y restaurar la mal trecha democracia en la que vivimos hasta nuestros días, porque el anuncio del Presidente de imponer vía Decreto su Consulta Popular, es un acto que nos puede llevar a escenarios peligrosamente insospechados y de funestas consecuencias para la estabilidad democrática del país.
Como me he referido en columnas recientes, cuando en mis análisis sobre la situación del país con las permanentes confrontaciones verbales entre el Mandatario, con los grupos políticos opositores y los medios de comunicación masivos, exteriorizo mis apreciaciones y consideraciones sobre lo que ahora acontece, y que expongo como parte de mis preocupaciones, antes de que todo se salga de control y se termine en un caos total.
Colombia no debe quedar expuesta a un desbarajuste institucional de la magnitud que se avizora con los desafiantes planteamientos revanchistas de Petro buscando no solo intimidar al Congreso, sino también presionar al mismo poder judicial, porque si bien debemos reconocer que nuestra democracia funciona a medias como un remedo de participación ciudadana, pues esta deformada por la cultura corrupta que imponen la mayoría de los candidatos a las corporaciones públicas a lo largo y ancho del territorio nacional, con la compra de votos, como por el alto grado de abstencionismo, que promedia el 50%, porque los decepcionados ciudadanos, no creen en los aspirantes y sostienen que siempre eligen a los mismos de antes.
A pesar de estos reprochables cuestionamientos, nuestros procesos electorales reflejan un equilibrio de pesos y contra pesos para garantizar la independencia de los tres poderes constitucionales que nos permiten observar una aparente estabilidad democrática, la que fue lamentablemente alterada por Uribe Vélez, cuando pretendió cambiar la carta magna, para hacerse elegir para un tercer mandato presidencial consecutivo, situación que generó un ambiente de polarización que hoy nos divide y que ahora lleva a creer que el actual presidente, con sus controversiales propuestas, lo que ambiciona es perpetuarse en el poder, o por lo menos, esto es lo que venden las extremas derechas, que plantean acoger las reformas por el desarrollo y progreso nacional, pero se asustan frente a las propuestas de cambio y justicia social.
Lo cierto es que el gobierno actual, se debate en medio de sus fallidas promesas de cambio y justicia social, pero claudica con los escándalos de funcionarios corruptos, que distorsionan su búsqueda por hacer realidad los llamados estados sociales de derecho, para liberar al país de las enormes desigualdades y romper con los privilegios hegemónicos de las clases dominantes que, según él, tienen a Colombia postrada en medio de la pobreza generalizada. Sin embargo, sus propuestas de reformas vienen sucumbiendo ante el presunto bloqueo institucional que impide se legitimen sus proyectos, advirtiendo que la mayoría de ellos, fracasan por vicios de forma en sus trámites lo cual sin duda alguna molesta al Mandatario, de ahí su insistencia en reiterar su propuesta de Consulta Popular 02, y si es preciso, imponerla mediante Decreto, por fuera de las instancias legitimas, lo cual a más de arbitraria, conlleva al desafortunado y peligroso rompimiento con las otras dos ramas de los poderes públicos, en notorio abuso de sus atribuciones legales, acto este que es rechazado por la mayoría de juristas expertos en temas constitucionales. Confiemos entonces en que desista de ese absurdo y descabellado propósito.
*Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL. lideresocial@hotmail.com Columnista
![]()

