Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
Vemos y escuchamos siempre por todos los medios de parte del gobierno y de muchos de sus voceros que todo mejora y que se está mejorando en todo, cuando la percepción popular suele afirmar lo exactamente contrario. De igual manera, las mediciones de opinión pública tienden a identificar y normalizar este contraste de opiniones con relación a la cosa pública y cuando las encuestas encuentran que existe aprobación del Ejecutivo, también descubren la desaprobación de la mayoría de sus políticas, planes, proyectos y programas; desconexiones las referidas entre aprobación personal y desaprobación programática que muchas veces se reconoce, pero nunca se explica; y en cambio sí, se insinúa que la mala percepción popular sobre la mala administración es culpa de los medios, presentan datos que según ellos demuestran avances significativos, optimismo que no convence y no comparte la ciudadanía.
Critican a los medios por no dar buenas noticias sobre los positivos avances que en su decir realizan su gobierno. Desde el poder encuestas y aprobación presidencial han sido utilizados como justificación para la validación de todas las políticas y acciones gubernamentales, pero aquí vuelva a estar la desconexión, ya que las encuestas, unánimemente, confirman la desaprobación de la gestión pública en materia de seguridad, violencia, desaparecidos, economía, salud, educación y corrupción. Confirma lo cual que la desconexión se da cuando se quiere justificar la gestión gubernamental en general, independientemente de que exista constancia de la reprobación de sus políticas públicas, intento de engaño o justificación que no es ni siquiera de lejos la peor parte del asunto, ya que lo peor acontece cuando los electos son los primeros en creer sus propias mentiras, porque cuando así sucede, suelen impulsar campañas mediáticas insistiendo en sus mentiras, afirmando la veracidad de sus datos y acusando a quienes afirman no creerles de ser instigadores o promotores de divisiones en la sociedad. Promueven visiones distorsionadas de la realidad, y en su afán de demostrarse en avances, hacen aseveraciones que no encuentran correspondencia con la realidad estadística ni fáctica.
Insisten en criticar a la prensa por no reportar adecuadamente los datos favorables del gobierno, cuando lo cierto es que es general el rechazo contundente de sus políticas públicas, lo que indica como conclusión que la ciudadanía vive mayoritariamente con miedo y no sienten que el Estado esté cumpliendo con su deber constitucional de cumplir bien y fielmente con sus deberes y obligaciones, sino claudicado en ello.
Pero lo más preocupante es que, después de todo, el Estado cree ciegamente en su propia narrativa, y no acepta otra. Tanto que la ceguera se impone en las visiones distorsionadas de los gobernantes y que esas percepciones sean su único referente para su accionar del Estado. También querrá que la sociedad entera adquiera y acepte su propia ceguera de taller para no ver la realidad. La ciudadanía no se engaña y ve, con claridad, la crisis que viviendo estamos. Nada más falta que la realidad la vean las autoridades, que salgan del taller y abran los ojos en la calle. La ceguera de los gobernantes que tejen sus propios intereses, Es un fenómeno que nos pone en peligro y es esa ceguera uno más de los graves riesgos que tenemos como país.
*Jurista. Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario. Conferencista. Panelista. Columnista

