Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
Son los bullosos aquellos quienes desordenan, causan ruido, generan escándalo, algazara, rumor; mismos que se muestran en política, principalmente, en tiempos de incertidumbre y aparecen mágicamente, impostando voces aparentemente fuertes o fortalecidos según el caso, que prometen todo y resuelven poco, por no decir que nada, pero que en el fondo sólo buscan control. No son voces líderes, sino falsos manipuladores, guías, fanáticos, fundamentalistas disfrazados de salvadores.
En todo y con todo, lo más peligroso no es que existan, sino seguirlos cual borregos sin darnos cuenta qué camino al abismo estamos yendo. Razones de peso las expuestas para que hoy más que nunca, época en que pululan por doquier cual detestables alimañas, para darnos cuenta y hacer exacta conciencia que requerimos, que necesitamos desarrollar un cedazo ciudadano, una adarga ética, racional y emocional que nos permita distinguir entre quienes quieren verdaderamente servir… y quienes solamente quieren servirse de la gente esperanzada e ilusionada que cae en espejismos respecto de lo público.
Demostrado está que son esa casta de indeseables que buscan siempre la división nosotros / ellos, que requieren de enemigos, no de adversarios en las ideas para justificar su existencia, además de señalar que el p los culpables son el otro o los otros, olvidando que los líderes verdaderos no se desgastan en crear bandos, sino en unir. No apelan al miedo como ellos, sino a la razón, al pensar bien y mejor en beneficio y aprovechamiento colectivo.
Peroran abiertamente que nunca se equivocan, que todo les sale bien, pero si algo falla, es culpa de los demás, no asumen responsabilidades, van siempre en contravía del auténtico liderazgo, ese que reconoce los errores y endereza el rumbo a seguir. Igual se creen ellos poseedores de la verdad revelada, de la verdad absoluta, se manifiestan como si solamente ellos supieran lo correcto y en consecuencia desprecian el pensamiento crítico y a quien no comulga con su decir, olvidando igualmente que una sociedad en libertad requiere de otras voces, de otras tribunas de pensamiento.
Les interesan los conflictos, las reyertas, nunca resolver, sino mantener atizado el fuego, puesto que, con ello, en su confusión mental, reditúan y obtienen atención y poder, a diferencia de los auténticos y eficaces liderazgos, que buscan y procuran soluciones y no enemigos. Prometen y no cumplen, hablan de transformación, pero no arrojan ni entregan resultados. Se victimizan o atacan cuando se les cuestiona. No entienden que los cambios y las transformaciones en positivo se miden con hechos, no con aplausos. Creen antes de pensar. No verifican, no contrastan, repiten sin revisar. Aman el fanatismo. Traicionan. Idealizan. Obedecen ciegamente. Tratan a patadas a quienes piensan distinto. Ausente está en ellos la calidad moral. Actúan inconscientemente. Alimentan el odio y marcan diferencias para lo malo y peor
Concierne hacer conciencia como ciudadanos de bien, que necesitamos como humanidad líderes ciertos y no ídolos con pies de barro. Ciudadanos pensantes, con los ojos bien abiertos, participantes, con mente activa, propositivos, que sepan distinguir entre quienes encantan serpientes y quienes verdaderamente se empeñan en construir. Quien lidera no grita, actúa, habla con la verdad y piensa siempre en que unidos podemos en mejor forma y manera alcanzar los objetivos y propósitos mejores en beneficio colectivo.
*Jurista. Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario. Panelista. Columnista

