JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO

Por: José Manuel Herrera Brito

Modernizar el campo y su sistema de producción, es la gran tarea  que le devolvería su dignidad, una dignidad perdida como consecuencia de la mala percepción que de él y su gente tiene la sociedad, que olvida y hasta de pronto ni se ha enterado, que nació en el campo la primera de las culturas, la agricultura, de la que decía el literato, economista y político español Gaspar Melchor de Jovellanos (1744 – 1811), “Es el arte que enseña la virtud al hombre y la base de la opulencia a todas las naciones”; y, misma de la que derivamos en buena medida el sustento diario la mayoría de los seres humanos.

Lamentable que se queden los pueblos sin gente, los campos sin quienes los trabajen, que deserten, lo que desconcierta, toda vez que es incomprensible que ello suceda por no haber tenido ni tener nosotros valor, coraje, arrojo ni intrepidez de hacer algo para que no pase y preferir sí, la modernidad y comodidad de las ciudades, el bienestar, éxito y felicidad que tomamos como eje y panacea de nuestro devenir. La falta de atención al campo ha generado escasez y por ende que muchos de sus coterráneos emigren a las ciudades para ganarse la vida, dejando atrás tierras inmejorables e irrepetibles para la agricultura de Demeter y Ceres, diosa griega y romana de la agricultura, las cosechas y la fecundidad). Desde hace rato ya, subsisten y son permanentes los mismos problemas, aunque elementos más actuales, tales como efectos del cambio climático, temporalidad y vacilación respecto a las cosechas y la dureza del trabajo en su ámbito, que hacen al campo en decir de algunos, poco o nada llamativo.

Además, hay que sumarle desgraciadamente la degradación que adicionamos, cuando afrentamos socialmente a la gente rural al grado de ciudadanos de quinta categoría, cuando esa energía bien canalizada debería estar dispuesta para aupar para la gente del campo políticas de subsidios, créditos blandos, condiciones y subvenciones adecuadas, en la verdad que superior debe ser todo trato a otorgársele a la agricultura y desde luego al todo hacer rural, conscientes de su necesidad y de cómo surte nuestras despensas. Del campo vienen los alimentos y el alimento es vida.

Lo verdaderamente importante de nuestro entorno es el campo y lo que produce, su gente, que hace ingentes esfuerzos por estar a la altura de una sociedad que los necesita, pero los desprecia, no los valora y mucho menos la respeta ni tiene en cuenta. Los poderes públicos y la sociedad en su conjunto parecieran no ser lo verdaderamente conscientes de su importancia, de la necesidad imperiosa de su optimización tecnológica, de la modernización en la producción, nuevos sistemas de riego y demás otros elementos y ayudas camino a un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles para generar más y mejores producciones sostenibles respetuosas con el medio ambiente, para mantener así un equilibrio con la naturaleza, lo que la hace rentable para la humanidad.

Requiere el campo de innovación y esfuerzo para que sea competitivo y en mejor forma consiga acabar con problemas cada vez más complejos como es la falta de mano de obra. Difícil encontrar, por falta de incentivos decentes, trabajadores para recoger las cosechas o para dedicarse a la ganadería. Interesa ser más que consciente de la importancia de las regiones productivas, para que la vida no careza de sentido. De ahí que un gran desafío sea renovar las producciones, que haya fluidez del crédito financiero, el I+D+i de nuestros productos y el fortalecimiento de una agroindustria actual y competitiva que vaya aunada a la modernización de nuestra percepción sobre la comunidad rural, e inculcar en nuestra sociedad desde la primera infancia, el reconocimiento de la dignidad del trabajo agrario; todo lo cual unido a un esfuerzo educativo para quienes trabajan la tierra a todos sus niveles, en lo que Estado, academia, universidad, investigación, formación profesional y empresa privada deben trabajar articuladas para solucionar cuanto antes estos asuntos tan necesarios para que nuestro porvenir sea mejor que éste presente que viviendo estamos. saramara7@gmail.com


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