JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO

Por: José Manuel Herrera Brito

Cuarenta años han transcurrido de haber partido un cinco de diciembre de 1981 al infinito eterno nuestro padre amado, Saúl Alfonso Herrera Medina. Ocho lustros de ausencia en que nos ha sido imposible decirle adiós y menos hoy cuando partió a su encuentro, después de tres de sus hijos en paz celestial, su esposa amadísima y nuestra madre adorada, Nelly María Brito de Herrera. Fuiste grande entre los grandes, padre. Lo recordamos sus hijos desde su rectitud, vasta cultura, bonhomía, decencia, ecuanimidad, cabalidad y razón de ser. Nos legó enseñanzas y ejemplos imperecederos. Detalles que en individualidad y conjunto no son baladíes, sino propicios para explicar en buena parte su personalidad y el amor por su terruño y su gente. Trabajador esforzado que veía en la institución familiar vínculo eterno, manera de ser, de estar y de existir. Llevaba implícito un agradecimiento constante por Dios, por todos y para todos. Eran familia, amigos, solidaridad y su sentir partidista conservador, junto con su Santa Marta, Magdalena, costa y país entero, todo para él.

Especial era su sensibilidad por las causas mejores, que lo llevaron a ser lo que fue en el contexto de lo solidario, de ahí su entrega al cooperativismo, que lo quería enraizado en su gente, en su tierra, amor que lo llevo a ser pionero en la ciudad y el departamento de esa noble y redentora actividad. Gestor y gerente de la Cooperativa Integral Santa Marta Limitada, así como impulsor, asesor y consultor de muchas otras que fueron apareciendo desde su ejemplo en la ciudad y el departamento. Docente de dicha asignatura, que dictó por años con pasión y fruición evidente en el Seminario Mayor de Santa Marta y como conferenciante en distintos escenarios académicos de la región y el país. La conjunción familia, coterráneos, terruño, cooperativismo, explica mucho lo que en vida fue, que le valió que el doctor Mario Ortiz de la Roche, Director Nacional a la sazón de la denominada hoy Superintendencia de la Economía Solidaria, dijera públicamente de él en claro reconocimiento en el marco de un Encuentro Nacional Cooperativo, lo que ha colmado siempre de sano orgullo a nuestro núcleo familiar: “…con hombres entregados al noble ejercicio del cooperativismo, como lo hace y ha hecho por decenios nuestro distinguido amigo Saúl Herrera Medina, garantizado estuviera con reinvindicaciones y proyecciones ciertas, el porvenir social de la patria”.

De fino humor, sencillez, cariño hondo y sincero hacia el universo de sus querencias eran parte de su quehacer diario, que adornaba con acertados e inteligentes precisiones, apuntes, relaciones, anécdotas y en definitiva la vida. En todo lo suyo aparecía su pensar sobre las cosas mejores que nos debían suceder con miras a un mejor porvenir para todos.

Le asignaban quienes lo conocían condición de hombre sabio e ilustrado, lo que le confirió también una autoridad moral, un prestigio que él con tímida sencillez rechazaba. Incluso cuando prestantes personalidades nuestras alababan sus opiniones sobre sociedad, cultura, política, buen gobierno, administración pública, cooperativismo y demás áreas del saber y conocimiento humano. Le admiraban su dominio del lenguaje, su riqueza expresiva, su sinceridad, carácter y criterio. Por eso suelo decir qué con mi padre, y con gente como él, se fue una generación, una época, una cultura, una forma de existencia, de enfrentarse al mundo de manera diferente. Gentes que nos dejaron un acervo que creo hemos desaprovechado sin que nadie, ni nosotros mismos lo remediemos. Definitivamente gente con una filosofía de vida excepcional. saramara7@gmail.com

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Un comentario en «OCHO LUSTROS DE AUSENCIA»

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