Jose Guillermo Claros Penna- Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado.

Por: José Guillermo Claros Penna*

Inaudito como se miente en política para intentar modificar, contrariar y tergiversar para mal, haciendo de la mentira una verdad imprescindible, dañosa, perniciosa y perversa, convirtiéndola en un todo rentable para sus intereses, aún a sabiendas que la mentira no es una opción porque no tiene futuro; pero que a pesar de lo cual la perciben y la asumen atractiva, dado que a la gente, es su convencimiento, le gusta que le mientan y con ello aseguran su triunfo, por lo menos inmediato, en la política.

Es la mentira en decir de expertos, el pecado original del ejercicio de la política. Hacer de la mentira una bandera de lucha, un discurso enajenado, una postura fastidiosa, un cinismo pendenciero y burdo que se monta en un teatro de operaciones para embaucar a la mayor cantidad de gente, es sin lugar a ningún género de duda una conducta social y política salida de límites; un atentado consciente contra la confianza colectiva, contra las bases mismas del tejido social que une a la sociedad. Pero no les basta con fabricar una mentira o un cuento falso, razón por la que los políticos mentirosos le suman a su decir y consecuente actuar, ganas, esfuerzo, recursos y tiempo.

Entienden el mentir como un ejercicio mental constante para evitar que descubran la impostura que entraña, es actitud que les amerita un esfuerzo cotidiano, denodado,  que carcome a cualquier persona con un mínimo de sentido común. Consume energía porque debe estarse  todo el tiempo alerta por si lo descubren, tenerse estrategias de contraataque por si intentan derribar el engaño. Estar siempre a la defensiva, puesto que sabe que lo fabricado es embustero y debe por tanto estar dispuesto a defenderlo dicho como si fuese una verdad, siendo sencillamente fatigoso tomar partido por la mentira.

Recurre aquí la pregunta ¿por qué mentir en política? A diferencia de otras formas de gobierno tiránicas en las que es utilizada como engaño u ocultamiento en contexto de deliberada estrategia para imponer un orden desmedido o sacar una clara ventaja política, caso Rusia (Putin), Cuba (Hermanos Castro), Nicaragua (Ortega y conyugue); Bolivia (Evo Morales), quienes con sus narrativas mentirosas de apariencia democráticas, han buscado filtrar, deslizar e inculcar perfidias como verdades, siendo, ellas claras imposturas construidas expresa y deliberadamente 

No obstante, los políticos que a la mentira recurren consideran insuficiente lo cual, y en consecuencia las izan sin tapujos y remilgos como banderas, las defienden y obligan forzadamente a los demás a aceptar esa impostura como verdad incontrastable. Puesta en escena que les soporta una fachada de engaño, de defraudación deliberada y consciente, que termina siendo una gran maniobra para el inicio de un juego sucio, pendenciero y burdo.

La mentira en política y en democracia, de manera intencional y agresiva, funda sus cimientos en una conducta premeditada, reajusta datos, maquilla y tergiversa hechos de facto, construye y rehace la historia en beneficio propio, la insisten día tras día, con prisa, sin pausa ni descanso, hasta hacerla valer en función de sus específicos intereses, siempre perversos y nada edificantes. Desafortunadamente esta clase de política mentirosa, pendenciera, virulenta y estéril, consigue rédito político y logra instalarse de espaldas a los intereses y las preocupaciones reales de las sociedades, con montajes creíbles y evitándoles escándalo y vergüenza.

Acuden a la ficción, las falsedades, modelos económicos inexistentes, ajustes sin ajustes. Son farsa continua, todo lo disfrazan para asegurar miradas obtusa con las que consiguen negar la genuina discusión política institucional. No se ocupan de debatir y planificar cómo resolver los problemas de la gente, defender sus derechos, atender su salud, garantizar su seguridad, gestionar el desarrollo, el crecimiento, el progreso y el bienestar económico, promover educación, mejorar la calidad de vida, ni profesionalizar la gestión pública desde un plan estratégico integral. Nada de eso le es importante, por cuanto para ellos el resultado inmediato es que acojan sus mentiras como estrategia política. No les interesa  que la gente cuente con referentes confiables, líderes políticos genuinos, ni con actores públicos coherentes ni eficientes. Son mentecatos del poder que hacen de la política un oficio miserable, un papel detestable.

Es lo de ellos apelar a la trampa, a la argucia, a lo detestable, para embolsillarse el poder, para no soltarlo, aún a costa de traicionar la confianza pública en democracia, descalificando, saboteando o agrediendo al adversario, que es en su actuar, la mejor y más eficiente manera de dejar un territorio sin futuro ni esperanza.

*Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado. Master en Derecho Público. Candidato a Doctor en Derecho. Columnista  

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