hernando-pacific. Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista

Por: Hernando Pacific Gnecco*

Más del 15% de la población nacional corresponde al adulto mayor, grupo etario que sigue creciendo porcentualmente en relación con la población total: el país se está envejeciendo, igual que la mayoría del planeta. Para este 2026, hay unos 8.150.000 colombianos mayores de 60 años: 55% mujeres, 45% hombres, cifras similares a las de otros países. Y acá es donde empiezan las diferencias, algunas bastante dolorosas.

La soledad es compañera permanente de cerca de un 15% de los mayores de 60 años, unos 830.000 colombianos; la asimetría regional es evidente. En el Chocó la cifra ronda el 27,5%; Arauca, Guaviare y Casanare llegan al 25%. En la Costa Atlántica se registran los menores índices de soledad del adulto mayor. El riesgo real de abandono por parte de los grupos familiares es de más de 200.000 ancianos. Lo más doloroso es que, en muchos casos, esas personas mueren solas en sus viviendas o centros hospitalarios sin ser reclamados; un 87% de ellos son abandonados en los servicios de urgencias. Se calcula que en Bogotá hay más de 1.100 ancianos en condición de indigencia. Pocos ancianos acceden a las redes de apoyo social; un 34% de los adultos mayores carece de un servicio al cual acudir en caso de una emergencia.

Apartándonos de las inexpresivas cifras, el drama para la mayoría de nuestros ancianos es enorme. Al abandono familiar sigue a la carencia de techo, comida y los mínimos necesarios para sobrevivir. Solo uno de cada cuatro colombianos logra pensionarse, la gran mayoría a salario mínimo, el cuál incrementa a ritmo de IPC con una inflación que regresa creciente al punto de comerse ese aumento en pocos meses. Los demás ancianos dependen de trabajo informal (ventas callejeras, por ejemplo), de limosnas en los semáforos y de ayudas insuficientes como los bonos de Colombia Mayor, que en el anterior gobierno pasaron de $80.000 a $230.000, apenas un 13% del salario mínimo; hoy esas ayudas están en riesgo. 

¿Qué hace el estado por los viejitos? Más allá de los bonos de Colombia Mayor, algunas ciudades como Bogotá tienen programas locales como la Comunidades de Cuidado destinadas a los adultos mayores vulnerables sin familia ni ingresos. Este problema, como en muchos otros países, se agrava por la marcada migración hacia las ciudades, fragmentando a las familias. También aparecen los Centros Día/Centros Vida, lugares que trabajan 8 horas/día de lunes a viernes, donde reciben asistencia alimentaria, atención médica, orientación psicológica, recreación, actividades físicas y culturales, y talleres de emprendimiento. Pero esto es insuficiente; los ancianos salen a las 4 pm a buscar donde dormir, y los fines de semana, además, a mendigar alimentos. La infraestructura estatal es exigua y la gran mayoría de viejitos se queda por fuera de este apoyo justo cuando la pobreza monetaria y multidimensional en la tercera edad colombiana aumenta año tras año.

Agreguemos ahora otro problema enorme; a medida que la población tiene mayor expectativa de vida aparecen las enfermedades crónicas no transmisibles: enfermedades cardiovasculares, diabetes, problemas respiratorios y renales, cáncer, patologías cerebrales, cognitivas y osteomusculares. La prevalencia de estas condiciones supera el 70% en mayores de 65 años. A pesar del mejor acceso a los servicios sanitarios, la actual crisis de la salud agrava el problema; frecuentemente falla la dispensación de medicamentos, las citas médicas aparecen lejanas, y los estudios diagnósticos de mayor complejidad o las cirugías grandes son una lotería.

Ante semejante panorama lo natural sería incrementar los presupuestos para este sector, buscando aminorar las evidentes vulnerabilidades. Para el próximo año hay recortes en el presupuesto destinado al sector social y un incremento en el de la confrontación bélica; todo lo contrario de lo que debería hacerse. La paz no solo es un deber constitucional sino una manera lógica de mejorar los aportes en los sectores más necesitados de la sociedad. Uno de ellos: los adultos mayores, casi abandonados por el estado. Frecuentemente, nuestros privilegios nos obnubilan y nos insensibilizan.

*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com

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