Economista Omar Escobar

Por. Omar Escobar.

En relación con los famosos premio Nobel 2025, valga resaltar la importancia de los de Química que hacen un reconocimiento a Susumu Kitagawa, Richard Robson y Omar Yaghi por el desarrollo de las estructuras metal-orgánicas y en y Física a John Clarke, Michel Devoret y John Martinis por demostrar el efecto túnel cuántico en sistemas macroscópicos. La importancia radica en las aplicaciones en computadoras cuánticas la captura de carbono, la purificación de agua. Según expertos, se dice que, consiguieron ver la física cuántica en acción. Al parecer en las ciencias exactas aún queda algo de objetividad en la nominación de premios pues su aplicación en la vida cotidiana es más que relevante.

No sucede lo mismo en las llamadas ciencias sociales, en especial en temas políticos como el Nobel de Paz, pues obedece a la conveniencia político coyuntural, lo cual pone en detrimento la figura de la Real Academia de las Ciencias de Suecia. Es el caso del Nobel de la Paz, otorgado a Corina Machado, primera “pacifista” que reclama intervención militar a su patria y tiene como ídolo a Trump, quien dice no conocerla… Tampoco me sorprendería que a este psicópata le den dicho reconocimiento.

En cuanto al área de la economía, la Real Academia decidió otorgar el premio en dos mitades, la primera a Joel Mokyr, historiador y economista israelí-estadounidense, por haber identificado los prerrequisitos para el crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico impulsado por la innovación. La otra mitad se otorgó a Philippe Aghion, economista francés y al canadiense a Peter Howitt, por la teoría del crecimiento sostenido a través de la “destrucción creativa», concepto acuñado por el economista Joseph Schumpeter en 1942. Schumpeter entendió antes que nadie que el progreso no es lineal ni pacífico: avanza destruyendo lo viejo para dar paso a lo nuevo. Cada innovación sustituye estructuras, empresas y tecnologías, generando crisis… pero también crecimiento y renovación… pero nunca le dieron un premio.

Joel Mokyr, afirma que las innovaciones se sucedan en un proceso autogenerado, continuo y de mejora toda vez que ciencia y tecnología se complementen; no solo se necesita conocer por qué sino el cómo funcionan las cosas. Mokyr también enfatizó la importancia de que la sociedad esté abierta a nuevas ideas y “permita el cambio”. En Gran Bretaña, el crecimiento sostenido fue posible por dos factores: personal calificado que podían transformar ideas en productos comerciales y, por otra parte, las instituciones británicas no permitían que los grupos privilegiados bloquearan los cambios. En su libro “La palanca de la riqueza, creatividad tecnológica y progreso económico”, el progreso tecnológico no es un proceso automático depende de un entorno cultural e institucional que valore la experimentación, la transmisión del conocimiento y la aceptación del cambio. Infiere que la historia del crecimiento económico es en esencia la historia de la creatividad humana. En su otro libro, “Economía ilustrada”, dice que el progreso no se debió solo al capital y a las instituciones, sino a un entorno cultural que celebro la innovación, la experimentación y la razón, a diferencia de Daron Acemoglu y James Robinson (Nobel 2024) quienes afirman que el progreso depende de las reglas del Estado, tal como lo expresó en 1993 el nobel Douglas North que explicaba como las instituciones moldean el desarrollo a largo plazo.

Sin embargo, innovar tiene un costo, y es la “destrucción creativa” que es el mecanismo detrás del crecimiento sostenido. Philippe Aghion y Peter Howitt, en 1992, construyeron un modelo matemático para lo que se denomina destrucción creativa: cuando un producto nuevo y mejor entra al mercado, las empresas que venden los productos más antiguos salen perdiendo, pues pierden su valor comercial. “El modelo de Aghion y Howitt muestra que existen fuertes fuerzas que tiran en diferentes direcciones en lo que respecta a la inversión en I+D y, por lo tanto, al crecimiento económico. Dependiendo de factores como el mercado y el período de tiempo, la necesidad de subvencionar la I+D puede variar”. Este modelo analiza la economía como un todo interconectado: la producción, la investigación y desarrollo, los mercados financieros y el ahorro de los hogares están vinculados y no pueden analizarse de forma aislada.

En un mundo competitivo, la destrucción creativa genera conflictos que deben gestionarse de manera constructiva, de lo contrario, la innovación se verá bloqueada por empresas consolidadas y grupos de interés que corren el riesgo de verse perjudicados… por ello, Shumpeter y Marx, dice que el progreso no es pacífico.

Es preciso aclarar que la necesidad de subvencionar la I+D viene desde el Estado, el cual ha invertido en las condiciones infraestructurales para propiciar la inversión productiva, como la energía, el internet, la carrera aeroespacial, la medicina entre otros, surgido en universidades o centros tecnológicos del Estado que colocan capital semilla para crear nuevas tecnologías y avanzar en nuevos descubrimientos.  Las investigaciones básicas para la producción de vacunas fueron realizadas con participación de los Estados, posteriormente, se venden las patentes. Internet y GPS, nació en el departamento de defensa de USA. Lo mismo en el campo de la energía y biotecnología, son áreas que requieren grandes inversiones asumidas por los Estados, no por particulares, pues tardan tiempo y no retribuyen de manera rápida la inversión. El mercado es experto en venta y recolecta las ganancias, pero el conocimiento se ha forjado con dinero público.

El Estado Británico dio lecciones al mundo liberal, cuando apoyaban a sociedades científicas, academias y premios por inventos… resultado: la revolución industrial. El mercado por sí solo no asume el riesgo de investigar a largo plazo, solo algunas empresas de gran magnitud. Por ello, la investigación básica es el pilar fundamental de las economías emergentes.

Sin un Estado que no invierta en investigación básica o no logre regular la competencia entre los monopolios, no maneje adecuadamente el proteccionismo, terminan acabando con la innovación de productos, tecnologías y las técnicas de producción. En otras palabras, las fuerzas productivas son el motor del crecimiento económico. Estas incluyen la fuerza de trabajo humano (habilidad, destreza y conocimiento) y los medios de producción (herramientas y máquinas). Efectivamente, cuando los feudales y el clero truncaban el desarrollo de la pequeña burguesía, estancaban la innovación, y como resultado las revueltas desde 1760 a 1789 que lograron dar paso a la edad contemporánea del capitalismo moderno.

La innovación, en cualquiera de sus formas, fomenta la competencia e incentiva la creación de tecnologías disruptivas, Por ejemplo, la creación y expansión de internet dio lugar a industrias completamente nuevas, como el comercio electrónico. Y ahora la Inteligencia Artificial (IA) está en un proceso de desarrollo acelerado que creará nuevas industrias y empleos que nunca antes habían existido.

La innovación trasciende fronteras, ideologías y justamente quienes mas las defienden son los enemigos de ella, así el monopolio como el proteccionismo, son su freno porque no estimulan la competencia ni incorporan nuevos talentos y contravienen la libertad de mercado.

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