Por: Hernando Pacific Gnecco*
La nota que apareció recientemente en la Revista Diners digital menciona a varios de los cafés más antiguos del mundo y, diría yo, algunos de los más hermosos. Muchos cafés europeos antiguos desaparecieron de este listado por distintas razones; los que sobreviven cuentan historias de grandes personajes que ocuparon sus mesas y dejaron inolvidables anécdotas.
Los cafés fueron el punto de encuentro de intelectuales, artistas, políticos, hombres de negocios y, en general, personas importantes que contribuyeron al desarrollo de la sociedad moderna, principalmente en el siglo XVII. El café, esa estimulante bebida, cambió la obnubilación que producía el alcohol matutino por la lucidez mental que causa la bebida caliente, fomentando un pensamiento lógico y coherente que facilitó el intercambio de ideas: coadyuvó a la Ilustración y a la Revolución Industrial. A diferencia de los salones aristocráticos, los cafés democratizaron la socialización: cualquier persona podía acceder a esos establecimientos y tratar con los parroquianos presentes por importantes que fueran.
Así, estos “templos de ideas” (así los llamaron) fueron escenarios de creatividad y de conspiraciones, de nuevas ideas artísticas o de grandes negocios. Los cafés de ciudades como Viena, Londres, Berlín, Lisboa o París le dieron identidad al viejo continente. En Le Procope de París, abierto oficialmente en 1689, se reunían célebres pensadores como Diderot, Voltaire, Rousseau o D´Alambert; durante la Revolución Francesa, el Club de Cordeliers acogía a Danton, Marat, Robespierre y a los jacobinos. Hoy, Le Procope mantiene su estilo francés de la época; fue declarado monumento histórico. Italia respondía en 1720 con el Café Florian (inicialmente llamado “Alla Venezia Trionfante”; los parroquianos lo bautizaron con el nombre de su fundador Floriano Francesconi); abierto incluso durante las guerras que afectaron a Italia, hoy sigue haciendo lo mismo de siempre: acogiendo conversaciones al calor de un café. Las mejores ideas han surgido desde cuando se popularizó el consumo de este delicioso estimulante.
América no se quedó atrás, la gran migración de europeos al sur del continente, principalmente italianos, trajo consigo sus costumbres; el Café Tortoni, fundado por Jean Touan, homenajeaba al Tortoni de París; hoy convertido en un lugar de peregrinación, vio desfilar personajes ilustres como Borges, Pirandello, García Lorca, Cortázar, Fangio, Einstein, Rubinstein o Gardel. De hecho, allí ocupan asiento figuras en tamaño natural de Borges, Gardel y Alfonsina Storni que acompañan al espresso o al icónico submarino que piden los clientes. El establecimiento de la Avenida de Mayo fue el punto de encuentro de la Peña del Café Tortoni, encabezada por el pintor Benito Quinquela Martin; en la Bodega se realizaron tertulias literarias, conferencias, exposiciones de arte, y recitales de tango y jazz por los principales intelectuales de entonces.
Unos años más tarde, 1894, Rio de Janeiro vio abrir puertas a la Confeitaria Colombo en el hermoso centro histórico carioca; es considerado uno de los diez cafés más bellos del mundo. Los portugueses Joaquim Borges de Meireles y Manuel José Lebrão se inspiraron en la arquitectura de la Belle Époque, con toques posteriores del Art Nouveau. Para 1944 abrieron una filial en Copacabana que luego se mudó al Fuerte de Copacabana. donde actualmente permanece conservando su identidad. Fueron visitantes ilustres los presidentes brasileros Getúlio Vargas y Juscelino Kubitscheky, los intelectuales Olavo Bilac, Rui Barbosa y Villa Lobos, y Paulo Coelho; aparecen también la Reina Isabel II y el Rey Alberto de Bélgica.
Europa se rinde a los cafés: en Nápoles, el célebre Café Gambrinus fue fundado en 1860 por Vicenzo Apuzzo. No tardó en convertirse en el punto de encuentro de intelectuales, artistas, políticos y figuras importantes como Gabriele D’Annunzio, Oscar Wilde, Ernest Hemingway, Sigmund Freud, Matilde Serao, Benedetto Croce, Jean-Paul Sartre, y la Emperatriz Sissi. entre otros. El Gambrinus se consolidó como un símbolo de la vida cultural napolitana. Con un estilo Art Nouveau, su nombre rememora al rey Gambrinus, patrón de la cerveza. El lugar unió la tradición nórdica de la cerveza con el café.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com

