Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Por: Alfredo león Leyva*

No encuentro explicación a lo obtuso en el ser humano, y sobre todo, en aquellos que se auto determinan humanistas, demócratas, y hasta salvadores del género, pero sólo ocupados en el del adjetivo, que es lo: “humano”; y que actúan tal como si fueran “Arcontes” (seres y bestias divinas, y entidades cósmicas y demoniacas que custodian el mundo físico material), productos defectuosos que los de la corriente del “Genshit Impact”, han pretendido llevar a este plano como parte de la rebelión para crear su mundo físico sometido a Demiurgo (el creador defectuoso). Desde el principio se han determinado como “seres andróginos” desde sus orígenes de constructores del mundo físico defectuoso, cuya función siguen desarrollando: reteniendo almas en el reino material para evitar su ascenso al reino de la luz. Tales idearios se plantean desde hace 3000 años antes de Cristo, que transcurren hasta el día de hoy en la memoria, debido a la similitud  en el comportamiento de nuestros gobernantes, afinidades que resaltan a la vista del menos observador del paisaje que vemos todos y que llamamos mundo.

Ya en la Grecia antigua, concreto en Atenas, capital del cielo entonces, se les llamó a los Magistrados máximos, que regían encargados de la administración política, religiosa y judicial de la ciudad, con el título de: “Arconte epónimo” o  “Arconte basileus”; siendo éstos los de mayor rango dentro de la sociedad de entonces; pero que común compartían ellos en particular el androginismo, como virtud del hombre que gobernaba. Alusión dada por Aristófanes en su discurso en el Banquete de Platón. 

A saber se hallan puntos comunes en los de hoy con los Arcontes, sobre todo en Colombia, y Sénecas se renueva en lenguaje cotidiano del común, cuando cínico el “Arcontillo” de marras, toma la mentira para divulgarla con algarabía como verdad absoluta; y entonces los setiano seguidores con “gríngolas”, que único les permite ver sólo en la dirección que oyen los sonidos en reemplazo de lo que realmente observa. Almas presas por la emoción del ELLO ajeno que lo hacen propio, retenidas en la praxis de su supuesto origen andrógino; y con aptitudes cinésicas heredadas, con semejanza al contorneo cuando la música se lleva por dentro y es notoria para animal, persona, o cosa que veamos, pero defectuosa al fin. 

El dogma es una proposición o conjunto de creencias que se admite universal como verdad indiscutible y definitiva, dentro de un sistema social sin posibilidad alguna por su aceptación de crítica o reforma alguna. Ya en la connotación religiosa que no abarca este formato presente proclamado por la iglesia, obligatoria solo para sus fieles. Por tal merece el mínimo del respeto para referirse a un dogma, y que el expositor temerario como Arconte que apresa al alma de sus setiano, alzando su voz en cuello y gritando como trompeta: cuál el más denodado “HEMBRO” aristofánico, enuncia su equivocación como si fuese verdad. 

Y los portadores de las gríngolas, como llaman en los llanos venezolanos a las anteojeras que portan las bestias de arreo, abandonen la sindéresis hasta de su credo aprendido y heredado de sus mayores.

Así, Jesucristo no es un hombre, es un Dogma, quizá una gran mayoría de la humanidad. 

Caramba, no dudo de su androginia y ambivalencia en el criterio de selección en sus apareamientos, porque estoy seguro que usted no ama, y si no ama, no tiene sexo: es bestia, usted se aparea como cualquier canido, con placeres de “anilingus” y sumergido en tales praxis como mayéutica de vida.

Confieso: son tales las similitudes de éstos Arcontes: el que está y el que proponen, me trae a la memoria la cavilación tenida por Dante en la Divina Comedia, y que trémulo como lo estoy yo hoy, entonces aquél dijo:

” En la mitad del camino de la vida, me hallé en selva tan oscura e insondable, porque la senda recta se había perdido. ¡Que me asusta! Y la muerte no lo es tanto”.  

Culmino con una sentencia del humanismo consignada en el libro de Apocalipsis, Capitulo 22, verso 18 y 19:

“Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. 19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

Colofón: A veces los padres no son responsables de tales fenómenos que suceden, pero que aún en tales circunstancias que viven, sea en el dolor; siempre amarán lo tenido.

*Ingeniero. Analista. Columnista

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