sarah- Durwin : Graduada en Humanidades. Redactora en Historia.

Por: Sarah Durwin*

«La historia de Hispania es la historia de Roma», expresó el escritor Santiago Posteguillo en su conferencia Hispania, corazón de Roma durante la Feria del Libro de Puy du Fou España el pasado 8 de marzo. En ella habló sobre el profundo vínculo entre Roma y la península ibérica. Además, afirmó que Hispania fue teatro o cuna de algunos de los momentos más decisivos para el destino de Roma. De Trajano a Lucio Cornelio Balbo, El Debate recoge siete de los personajes que ayudaron a moldear la política, cultura y expansión del Imperio.

Trajano. Considerado como uno de los «emperadores buenos» por el historiador inglés Edward Gibbons, Trajano (98-117 d.C.) se convirtió en el primer emperador romano de origen «extranjero». No solo porque nació en Itálica, Hispania, sino porque su familia era de ascendencia indígena. Acompañando a su padre en el campo de batalla, fue desarrollando una brillante carrera en el ejército romano: desempeñó cargos de cuestor y pretor. Todo ello y la ayuda de sus aliados en romana, Nerva decidió adoptarlo como heredero. Bajo su mandato el Imperio romano alcanzó su mayor expansión territorial tras incorporar Dacia y otras enormes regiones de Oriente. Pero más allá de las conquistas militares, Trajano es recordado por sus extensas obras públicas y proyectos de construcción en Roma, incluyendo el famoso Foro de Trajano y la Columna Trajana, símbolos de la grandiosidad romana.

Adriano. Natural también de Itálica (Hispania), Publio Elio Adriano fue el sucesor de Trajano. Se cree que fue adoptado como heredero de Trajano por la esposa de éste, Plotina, pues murió en la campaña de Cilicia sin nombrar sucesor. Aunque se sabe la gran estima y confianza que Trajano tenía hacia Adriano y el servicio que éste hizo a través de diferentes puestos importantes. Así, entre el 117 al 138 d.C., Adriano decidió fortalecer y consolidar las fronteras del Imperio en lugar de expandirlas, centrándose en la administración interna y la integración cultural de las diversas provincias.

Séneca. Nacido en Corduba (la Córdoba romana), Lucio Anneo Séneca vivió en una época marcada por los excesos e intrigas palaciegas de la dinastía de los Julio-Caluidios. Fue cuestor, pretor, senador y cónsul sufecto durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de tutor y consejero de este último. Dejó una huella duradera en la filosofía con obras como Sobre la brevedad de la vida. Promovió la virtud y la serenidad, insistiendo en la autodisciplina y el uso racional de la vida. También marcó la política: su intento de guiar a su pupilo, Nerón, por un camino más moderado y justo muestra su compromiso con la estabilidad y el bien común. Por último, también dejó un legado literario a través de sus escritos filosóficos, o sus tragedias (Mesea, Phaedra y Thyestes).

Teodosio el Grande. Flavio Teodosio, Teodosio I o Teodosio el Grande es conocido por varios motivos. Nacido en Cauca, la actual Coca (Segovia), fue el último de los tres hispanos en vestir de púrpura. Por otro lado, consolidó el catolicismo como religión oficial del Imperio tras promulgar el Edicto de Tesalónica en 380. Según su página en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, «Teodosio demostró una gran visión política al unificar religiosamente al Imperio». Pero, sobre todo, Teodosio I pasó a la historia por ser el último césar en gobernar un Imperio global. Hasta el año 392 gobernó únicamente sobre la parte oriental con capital en Constantinopla; sin embargo, tras la muerte de Valentiniano II y la derrota del usurpador Eugenio, Teodosio el Grande se convirtió también en el emperador de la parte occidental del Imperio, con sede en Roma.

Quinto Sertorio. Aunque no nació en Hispania, se asocia a Quinto Sertorio con la región por su papel en los acontecimientos históricos que se desarrollaron allí. Fue un destacado general que fundó en Hispania un estado independiente, manteniendo en jaque a Roma durante diez años. De origen humilde destacó como líder militar, ganando fama en la campaña contra los Cimbrios y Teutones. Pero lo que marcaría su carrera fue su alineación con el partido de Mario quien se enfrentó a Sila en lo que se conoce como la primera Guerra Civil romana. Durante el conflicto, Sertorio demostró ser un comandante valioso para Mario y ganó reputación por su destreza táctica y su liderazgo; sin embargo, la facción de Mario fue derrotada y Sertorio tuvo que refugiarse en Hispania, donde continuó luchando contra los ejércitos de Sila. Allí unió fuerzas con varias tribus hispanas, que lo vieron como a un libertador y creó una especie de estado independiente, defendiendo la autonomía de Hispania. Su resistencia al poder de Roma fue significativa, pero tras su asesinato en 72 a.C., su proyecto se desmoronó. A pesar de su derrota, dejó una huella importante en la historia de Roma.

Cayo Apuleyo Diocles. Fue el auriga más famoso y rico de la Antigua Roma. De las más de 4.000 carreras en las que participó, logró 1.462 victorias. Originario de Itálica, la popularidad de Diocles se extendió por todos los territorios imperiales. Obtuvo su primera victoria a los 18 años en Ilerda (Lleida) tras la cual viajó a Roma, empezando su carrera profesional. Su habilidad y logros le convirtieron en una de las más grandes entre los deportistas de la época, además de acumular una gran riqueza: alcanzó una fortuna estimada en 35 millones de sestercios. Su legado perduró no solo en el ámbito deportivo, sino también en la historia de los espectáculos romanos, convirtiéndose en un símbolo de éxito en la cultura popular de la Roma imperial. En su honor se erigió una lápida en el Circo de Nerón, que resumía su carrera deportiva.

Lucio Cornelio Balbo el Mayor. Originario de Gades (actual Cádiz), Lucio Cornelio Balbo el Mayor fue un destacado político y general romano del siglo I a. C. y uno de los primeros hispanos en alcanzar el rango de cónsul en Roma. Apoyó a Julio César durante la Guerra Civil, lo que le permitió ganar influencia en la política. Asimismo tuvo un papel clave en la organización de la provincia de Hispania, mejorando la infraestructura y la integración de los pueblos ibéricos al Imperio. Además, favoreció la expansión del sistema clientelista romano, fortaleciendo la lealtad de las provincias hacia el poder central y contribuyendo a la romanización de Hispania.

 *Graduada en Humanidades. Redactora en Historia.

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