Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
El liderazgo es la capacidad de influir en un grupo de personas para que trabajen juntas y logren un objetivo común. No se trata solo de mandar, sino de inspirar, motivar y guiar hacia una meta compartida. Un buen líder no solo dirige, sino que también inspira y motiva a su equipo, clave lo cual para alcanzar el éxito y superar las expectativas, saber comunicarse, dar ejemplo y despertar lo mejor de su equipo; de ahí que el liderazgo es esencial para que un grupo funcione bien y consiga resultados sobresalientes. Platón planteó en su obra cuáles son las cualidades de un líder y muchos han sido los autores desde el comienzo de los tiempos que han utilizado el concepto de liderazgo en sus enseñanzas.
Importa el liderazgo, dado que las organizaciones, sean cuales fueren no funcionan solas, por mucho que haya procesos, tecnología o normas, ya que al final son las personas las que toman decisiones, negocian, colaboran y crean valor; siendo ahí donde entra el liderazgo: cuando conviven perfiles muy distintos alguien tiene que conectar visiones, alinear esfuerzos y marcar un rumbo, ayudando a establecer un propósito común que movilice a todos, incluso si sus formas de pensar son diferentes. El primero quizás tenderá a velar por el correcto uso de los recursos de la organización y el segundo, por alcanzar resultados que posicionen a la marca en la mente del consumidor. Ambos tienen un último objetivo en común; posicionar a la entidad y hacerla más competitiva, desde perspectivas muy diferentes. En este proceso es fundamental que participen personas con habilidades de liderazgo para lograr establecer un propósito común, claro, compartido y desafiante, capaz de movilizar a todas las áreas de la organización.
Razones las dichas por lo que las políticas públicas no deben ni pueden quedarse en el discurso ni en la letra muerta, sino ser ejecutada en el territorio, llevarse línea a línea en las agendas gubernamentales, ir comprobándose en las giras sociales, en la supervisión de obras, en la infraestructura y con el diálogo directo con comunidades. Tiene el país de cara al porvenir, vivir los mejores momentos que en este gobierno no fueron, que los ciudadanos elijan de la mejor manera para que ojalá nuestro próximo mandatario se gane el reconocimiento por conducirnos en evidente ejercicio de certeza, coherencia, liderazgo, serenidad, firmeza y visión de Estado.
Pensar un país trabajador, prospectivo, con seguridad, comercio y cooperación. Conducido con claridad, defendido en sus intereses superiores, reafirmado en su soberanía, sin estridencias ni confrontaciones innecesarias. En un entorno internacional complejo, dialogar desde una posición de respeto y que se entienda que la inteligencia política también consiste en saber hasta dónde y cómo.
Es ir tras avances concretos en materia de seguridad y gobernabilidad, implantando e implementando un amplio trabajo territorial realizado a través de Mesas de Paz y de Jornadas Comunitarias, como una estrategia que apueste por la coordinación institucional y la atención a las causas como base para construir una paz duradera. Entender igualmente que gobernar implica presencia, escuchar y dar seguimiento. Entender que el Estado se fortalece cuando llega a donde antes no llegaba. Que la conversación internacional y la agenda interna no son caminos separados, sino parte de una misma visión. Un país que se conduce con firmeza hacia afuera necesita orden, legitimidad y resultados hacia adentro. Y un mandatario que recorre comunidades es el mismo que se sienta a dialogar con otros jefes de Estado con claridad y determinación.
El reconocimiento importa. No por quién lo emite, sino por lo que confirma. Requerimos una Colombia bien conducida, con rumbo cierto, y un mandatario que gobierne con inteligencia, responsabilidad y sentido de Estado.
*Abogado. Analista. Columnista. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público

