anny herrera villa- Ingeniera Industrial

Por: Anny Margarita Herrera Villa*

Vivimos desafortunadamente en el país de espaldas a una verdad embarazosa, que fatiga; y es que nuestra economía se sostiene sobre los hombros de millones de mujeres, y lamentable es que sus derechos y su trabajo siguen relegados a un segundo plano. Es ello una verdad incómoda, injusta, vergonzante, más no porque no sea lo cual un problema social que sí lo es, pero que no se debe ni puede resolver con discursos baratos y campañas rosas, ya que es transversal como problema importante a lo económico, estructural y urgente.

Mientras los gobiernos celebran cifras de crecimiento y las empresas presumen de competitividad, las mujeres realizan sin salario ni reconocimiento, gran parte del trabajo que hace posible dicho crecimiento, como es cocinar, limpiar, lavar, planchar, cuidar niños, ancianos y enfermos, entre otros cotidianos menesteres. Si ese trabajo no remunerado se contabilizara, como se sostiene desde la academia e importantes organismos internacionales expertos en la materia, el Producto Interno Bruto PIB de nuestros países se dispararía; pero como desafortunadamente no entra en las cuentas oficiales, se invisibiliza y se da por hecho.

A esta real perro evidente explotación se adiciona la distancia salarial, puesto que en promedio nuestras mujeres ganan alrededor del veinte por ciento menos que los hombres por el mismo trabajo; y lo que es peor, si son indígenas, afrodescendientes o viven en zonas rurales, esa distancia es más palpable. No es falta de talento ni de preparación; es discriminación disfrazada de lo que eufemísticamente han denominado realidad del mercado, lo que es además de absurdo, a todas luces injusto e injustificable.

Los datos están ahí, a la vista de todo el mundo, pero como siempre en casos como estos, falta voluntad política; de ahí que sea advertido por Organismos Internacionales, como el Banco Mundial, que acercar esas distancias discriminatorias bien podría aumentar el PIB regional hasta cercade un quince por ciento. No obstante, seguimos atrapados en políticas nada sólidas, programas piloto y compromisos que se diluyen en cada cambio de gobierno, lo que es a todas luces inadmisible.

Se trata en manera importante y urgente de ir a claras soluciones, propender por la igualdad salarial legal, con mecanismos reales de supervisión y sanción; inversión masiva en servicios de cuidado para que las mujeres puedan acceder al mercado laboral sin tener que elegir entre trabajar o cuidar; acceso a financiamiento que no discrimine por género, edad, ascendencia o ubicación geográfica; paridad en la toma de decisiones: no como cuota simbólica, sino como condición mínima para un sistema económico que aspire a ser justo. Es integrar plenamente los segmentos excluidos y no seguir lucrándose del trabajo que se hace sin págalo o no pagarlo como se debiera. Sin mujeres no hay economía y la paciencia de ellas y otros segmentos, como los recursos, tiene un límite, lo que de no atenderse positivamente, puede acarrear lo cual situaciones de impredecibles consecuencias, lo que no es ni será bueno para nada. 

*Ingeniera Industrial. Especializada en Proyectos de Desarrollo

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