JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA

Por: José Manuel Herrera Villa*.

Servir debe esta crisis que aún padecemos, para renacer material y espiritualmente, equilibrar el estado emocional, robustecernos desde una espiritualidad soportada en la constante búsqueda del valor de la vida más allá de lo terrenal. Es igualmente ir tras una óptima salud mental, tras un estado de bienestar donde realicemos nuestras capacidades, hace frente al desespero del día a día, trabajar productivamente y contribuir con la comunidad. Estamos viviendo una espiritualidad y salud mental críticas en una sociedad llena de espanto, donde lo demencial y macabro está presente en los bajos instintos de muchos.

La inseguridad está a la orden del día, así mismo la mentira, el engaño, la trampa, la desidia, la insolidaridad, la violencia, la muerte. No se respeta en lo más mínimo la integridad de las personas. Los femicidios se registran profusamente y con enfermiza saña.

Centros de toda índole surgen por doquier en afán desmesurado por lo económico. La respuesta del Estado no ha sido la mejor, la de la ciudadanía, alejada de lo que debe dar, y la de la comunidad internacional apenas una tímida reacción.

La economía intentando activarse en contexto de una sociedad dividida, individualista, aferrada al primero yo, al sálvese quien pueda, inmersa en una institucionalidad torcida. Una integración, cohesión y tejido social desmembrado, donde el hombre es lobo para el hombre y las clases dirigente, social y política no impulsa, fomente ni genera acuerdos importantes ni urgentes en consolidación de gobernabilidad, esa manera como se relacionan los gobiernos y la ciudadanía bajo principios de garantía a derechos humanos fundamentales, como la libertad política y la participación en las decisiones públicas sin dejar a nadie atrás, necesaria para salir avante

No precisan nuestros mandatarios el nombramiento de personas real y verdaderamente eficientes. Mucha inexperiencia, particularmente en cargos de suma importancia que requieren destreza política, criterio y carácter. Los niveles de violencia e inseguridad resultan de errores gubernamentales acumulados y actuales, en complicidad con una sociedad que sigue encubriendo la corrupción rampante como de todo nivel y justifica abiertamente que roben pero que “hagan”, todo lo cual, ante la ausencia e indiferencia del
Estado, como si cómplice fuera.

Urge en manera importante revertir la degradación social, entender que necesario es un acto de contrición general. Qué necesitados estamos de respuestas efectivas, de resultados ciertos, ir a la raíz de donde nacen violencia, corrupción, descomposición social y desmanes miles; siendo definitivo combatir la inequidad, sembrar y fundamentar valores en las nuevas generaciones e invertir recursos para su formación integral, especialmente en educación, salud, cultura y deporte. Establecer acuerdos nacionales. Impulsar proyectos consensuados para activar la economía y generar trabajos y empleos. Implantar e implementar programas que mejoren las condiciones de vida y salud de la población. Sanear, potenciar y perfeccionar el sistema de justicia. Idear un nuevo contrato social. La sociedad toda debe provocar la protección colectiva. Robustecerse ética, moral, ambiental y culturalmente, claves para detener seguir desbocándonos como haciéndolo estamos y dejar de pensar en la riqueza fácil.


*José Manuel Herrera Villa. Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo. jomahevi@gmail.com

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.