Por: José Manuel Herrera Brito
La inseguridad pareciera entre nosotros el síntoma de una descomposición de decenios. Sufrimos una violencia con hondas raíces producto de errores estratégicos que han permitido la captura institucional de nuestras unidades territoriales. Descomposición, corrupción, crimen, delitos de todo orden que generan violencia, se ha infiltrado y enquistado en todas las instancia del Estado, derivadas en redes criminales propias y en alianzas entre autoridades y delincuencia que han marcado el inicio de la captura institucional y el control de comunidades rurales.
Pretendemos erróneamente en ruta a su control, iniciarles a los malos una guerra sin inteligencia, craso e irrepetible error. No se ha entendido que la inteligencia es la medicina idónea para ese cáncer criminal que se carcome al Estado. No tenemos una válida estrategia, una inteligencia operativa ni una coordinación política eficaz para combatir sus asomos y realidades. La desconfianza entre unos, otros y todos debilitan los buenos rumbos que pudieran ser y los grupos criminales se fragmentan y dispersan por doquier cometiendo acciones delictivas de toda índole que evidencian su capacidad para desafiar al Estado y aterrorizar a la población.
Cada día y cada vez más se agudiza y profundiza la fragmentación, se reciclan como brazos del crimen, y en vez de reconstruirse las instituciones de seguridad y justicia, se “normaliza” la sustitución del Estado por actores irregulares, perdiéndose más el control territorial.
El desorden continua, el desgobierno es evidente, persisten los problemas estructurales y la falta de coordinación. La extorsión se volvió endémica, afectando a productores a michos, los asesinatos de actores políticos tienden a multiplicarse. Los cárteles se disputan territorios, economías y poder local, mientras la autoridad compite por la gobernabilidad cotidiana. Horror de horrores y a la gente solo excusas, nada que se consolida la pacificación, sigue la fragmentación criminal y las pugnas locales erosionando, menoscabando la confianza ciudadana. El desafío es doble, mantener la gobernabilidad sin ceder al pragmatismo con grupos de poder y reconstruir las instituciones de seguridad y justicia. De ello, lejos estamos sin duda alguna.
Es el país un inmenso espejo roto de la seguridad de sus gentes, advertencia, producto, costo y resultado de improvisar, no prevenir, pactar y mirar a otro lado respecto de lo que en nuestras narices está sucediendo. saramara7@gmail.com

