Ruben Darío Ceballos Mendoza - jurista

Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Va el país en el tren de la incertidumbre y la desesperanza, ahíto de sueños frustrados, apagado sus ciudadanos sin despertador que los active, perdidos en espacios enormes, presos por el desasosiego, sin nadie a la vista que pueda ponerle orden a este que parece acercarse cada día y cada vez más con lasos agigantados a su disolución. Surgen en la gente sueños nada fáciles de explicar, ni siquiera de contar. Realidad y sentimientos discurren, una a la vista de todos, los otros escondidos, Disimulamos la frustración y el miedo, normalmente guardado bajo llaves en en bóvedas de hierro infranqueable.

No vemos soluciones reales, se nos maneja con populismos, engaños, farsas, mentiras, mil y más  y mil desvaríos y desviaciones. Transcurre nuestra existencia bajo opacas luces. Nada bueno parece existir. Encerrados estamos sin saber qué hacer y ello no puede ser. Pareciéramos llegados al punto de guerra total y cada vez más lejana paz. No se ve en el horizonte donde mejor encontrar una solución final para uno mismo y para los demás.

Nada que se vislumbra una salida digna de la estulticia general que no cambia con el paso de los días, como si eterna fuera como la duda. Es como si todas las búsquedas, toda la curiosidad, todos los avances, todo el afán de superación fueran a confluir en el ansia de poder que se nos está imponiendo desde lo absurdo, con un claro deseo de total dominación, encima incluso del bienestar de uno mismo. El mal, de una manera u otra se está haciendo lugar para seguir gobernando y ya sin disimulo, cabiendo aquí preguntarse: ¿Y lo vamos a permitir?

Pretende nuestro mandatario, lo que no me hace ninguna gracia, mandarnos por océanos ardientes de desilusión, atravesando temporales siniestros, lo que indica que solo quiere apretar, trincar al máximo las tuercas, asfixiarnos para luego aparecer salvador desde una situación privilegiada, pero quién sabe, y confío en Colombia, a lo mejor le sale mal y volvemos por los cauces mejores de una bien entendida democracia y no seguir deambulando sin rumbos por los caminos de quien sabe dónde. Por favor no nos permitamos seguir inmersos en las sendas de la incertidumbre y la desesperanza. De permitirlo, cerca está un mal y peor destino. 

*rubenceballos56@gmail.com Columnista. Jurista.

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