Por: José Manuel Herrera Brito
Falleció en días pasados Jürgen Habermas, filósofo y sociólogo alemán conocido por sus trabajos en filosofía política, ética y teoría del derecho, así como en filosofía del lenguaje. (16-JUN-1929, Düsseldorf, Alemania / 14-MAR-2026, Starnberg, Alemania). El proyecto de modernidad por él pregonado se soportaba en la emancipación de la sociedad como producto del predominio del uso de la razón, concepción heredada de la ilustración del siglo XVIII, también denominado como el Siglo de las Luces. Eran sus ideales autonomía, democracia racional y deliberación pública, al tiempo que creía en la idea y la posibilidad del progreso, que el futuro lo construimos nosotros con nuestras acciones de hoy. Existían para él dos instancias distintas que debían trabajar juntas: la sociedad civil y el mundo político y de los recursos.

Los posmodernos (Lyotard, Foucault) le hicieron duras críticas que él aceptó, pero sin abandonar el proyecto de la modernidad, ya que ello implicaba renunciar a la racionalidad y la emancipación humana de todas las formas irracionales que durante siglos lo han oprimido. La crítica posmoderna fue particularmente intensa hacia la planificación urbana, crítica que permitió grandes avances en la misma, pero sin abandonar su matriz racional.
Según Habermas, modernidad implicaba el trabajo conjunto entre sociedad civil organizada y mundo político que toma decisiones y posee recursos. Una sociedad civil fuerte, moderna y organizada trabajando con sus instituciones autónomas y con recursos propios, orientados hacia el mismo concepto de progreso, pues se creía en ese progreso. Se vive hoy la crisis del modelo de la modernidad, modernidad que según Haberman no debe ser abandonada sino reformulada, fortaleciendo la comunicación racional, la deliberación pública y las instituciones democráticas, ya que no es de recibo ver a la gente abandonando la razón para protegerse en el oscurantismo, viendo a los empresarios pensar solo en ingresos a corto plazo y viendo a los políticos convertir a la política en espectáculo, lo que impone seguir insistiendo, porque las alternativas son catastróficas.
Con el fallecimiento de este grande pensador, occidente pierde a un guía en un mundo convulso. Su obra y pensamiento vigente en la filosofía de hoy, marcó a generaciones en una época donde las redes sociales están destruyendo la esfera pública al reemplazar el debate racional y razonado con polarizaciones emocionales y algoritmos manipuladores, como solía señalar. Sus textos Teoría de la Acción Comunicativa, Facticidad y Validez, La lógica de las Ciencias Sociales, Una Nueva Transformación Estructural de la Esfera Pública, Una Historia de la Filosofía, son fundamentales en los debates filosóficos contemporáneos. Destaco tres áreas de debate en las que fue central:
La primera es el diálogo entre hermeneútica y teoría crítica, entre Gadamer y Habermas. Giró en torno a la universalidad de la hermenéutica y la relación entre tradición y modernidad. En el debate intervino el filósofo francés Paul Ricoeur quien, en un rol de mediador, propuso que la teoría crítica debería tener en cuenta la tradición, en tanto que la hermenéutica debería considerar la necesaria crítica de las ideologías. -Una segunda área es el debate en torno al liberalismo entre el filósofo estadounidense John Rawls y Habermas y sus obras Teoría de la Justicia y Liberalismo Político, por un lado, y Facticidad y Validez, por otro. Es un debate en torno a la prevalencia de la justicia como equidad que se alcanza a través de la acción individual o la legitimidad de una democracia que se construye a través del consenso. Sus planteamientos podrían extenderse al orden global siguiendo las últimas publicaciones de los dos filósofos: El derecho de gentes (Rawls) y La constelación postnacional (Habermas). -La tercera es el diálogo entre la fe y la razón y el papel de la religión en la esfera pública, concepto clave en Habermas, en el que también intervinieron Ricoeur y el filósofo canadiense Charles Taylor, ambos creyentes y practicantes. El diálogo inició con el encuentro en 2004 entre Habermas y el entonces cardenal Joseph Ratzinger, después Papa Benedicto XVI. Destacó entonces la aceptación de Habermas a la apertura de la modernidad a lo sagrado y del cardenal Ratzinger a que la tradición teológica se abriera a la modernidad.
En una de sus últimas obras, Una historia de la filosofía, Habermas retoma el tema al hacer una genealogía del pensamiento postmetafísico. En la introducción a esa magna obra señaló: “A mi me mueve la pregunta de qué quedaría de la filosofía si no siguiera como antes tratando de contribuir a la clarificación racional de nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo, donde … se corre el peligro de desaparecer en el progreso de la especialización.”
Casi al final de su vida afirmó que la comunicación digital ha fragmentado el discurso público en compartimentos de “eco” y mina el espacio de comunicación que requiere la democracia. ya en noviembre de 2025 dio una conferencia y planteó: ¿Puede la Unión Europea escapar de la atracción autoritaria de los EU? Creía que en Estados Unidos se está desmantelando el orden liberal y la democracia occidental para favorecer una “rápida construcción y expansión de una forma de gobierno administrada tecnocráticamente por libertarios capitalistas”. Es este en parte el pensamiento de este gran pensador y serán sus profundos apuntamientos temas de reflexión y debate para rato. saramara7@gmail.com

