Por Andrés Llano**

Muchos son los ejemplos de populismo latinoamericano en la historia reciente tales como, Perón, Chávez, Correa, Ortega y más recientemente Maduro en Venezuela. Sus discursos radican en crear luchas internas en sus Naciones para justificar su estancia en el Poder, creando un aliado ficticio en el Pueblo y su contraparte expresada en quienes proveen de recursos al Gobierno de turno, vía generación de valor e impuestos, producto del trabajo que generan interna y externamente.

El populismo estigmatiza al empresario, a quienes trabajan y estudian con el ánimo de generar riqueza, a los extranjeros en contra del Pueblo local representado por los nacionales, patriotas e indígenas quienes supuestamente tienen desinterés en sus propósitos, son honrados y nunca se equivocan.  Con esta polarización el Populismo logra justificar su estancia en el Poder sin límites ya que la corrupción que campea en su administración es justificada en bien del Pueblo que representa, la injusticia de la justicia pasa justificada por el supuesto beneficio del más débil en detrimento de la supuesta contraparte más fuerte y la corrupción populista se torna en el “modus operandi” y forma de funcionamiento del estado en general.

El adoctrinamiento vía el sistema educativo único del estado y excluyente de los valores éticos y principios universales de convivencia y de libertad de creencia, genera odio y división creando gran resentimiento en la juventud que se considera plena de derechos y carente de deberes y obligaciones. Claramente el gobierno populista convierte su administración en un único gobierno donde concentra los tres poderes el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial donde evidentemente se viola consistentemente los derechos fundamentales de los ciudadanos a los que supuestamente representa, es decir al “Pueblo”.

De esta manera, el poder populista sin control político ninguno, pues ha sido sofocado ya sea por la represión violenta a sus protestas y encarcelamiento sin justicia a quienes se manifiestan en contra. Para llevar a cabo sus propósitos el populismo aumenta de manera desbordada el gasto público, aumenta el tamaño del estado que desborda en ineficiencia la capacidad de sostenimiento del aparato estatal, con empleo estatal desmedido que lo apoya, creando un sistema de subsidios para quienes no trabajan y genera el asistencialismo estatal en alimentación insostenible en una economía que pretende proteger al más débil. Con lo anterior, el gobierno populista se ve en la imperiosa necesidad de aumentar los impuestos, incrementar la deuda pública, con el consecuente aumento de la inflación que no es otra cosa que el empobrecimiento gradual de quienes pretende proteger y beneficiar, es decir al Pueblo.

 Así las cosas, el populismo incrementa el consumo sin valor, desincentiva la inversión que genera valor, el sector productivo reduce su crecimiento lo que conlleva a una estanflación, que no es nada diferente que una recesión con alta inflación. Con lo anterior, el populismo en su desespero de Control y sin ya una economía de mercado, que fue asfixiada por las necesidades del populismo entra a un Control de precios de los bienes y servicios, control de tarifas y aranceles, control de fronteras de productos y personas llevando al colapso total de la economía y del Estado fallido, con las consecuentes migraciones que hoy vivimos en la Región, tal es el caso de nuestro vecino venezolano.

** Integrante Junta Directiva Movimiento Unidos Somos Colombia

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