Álvaro Beltrán Pinzón

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En un sistema electoral desvirtuado por los vicios del clientelismo y la corrupción, y casi sin posibilidades para la manifestación consciente del valor del voto individual en el mecanismo de expresión vigente en la vida democrática del país, significa importante aliciente la apuesta de la Coalición de la Esperanza, en el sentido de establecer un marco de principios éticos, como elemento insustituible para recuperar la confianza en la política, y la visión prospectiva para acotar la gestión en un  gobierno colectivo e incluyente.

Nada mejor que esta definición de fundamentos para que el ciudadano cuente con un soporte al cual atenerse, no solo para actuar en consecuencia a la hora de decidir su sufragio sino para disponer de un referente para la vigilancia crítica tan necesaria en aplicación de una sociedad plural y participativa.

Surge esta opción en momentos en los que se planean estrategias de cara a los comicios del año entrante, que, con seguridad, acogerán la dura polarización con el propósito de exacerbar al elector para que adopte posiciones extremas en la confrontación, y por esta vía desfigurar cualquier debate programático y hacer que el odio al contrario sea el factor de movilización de los electores.

La presencia en la ciudad de los líderes de esta iniciativa, el próximo jueves, será ocasión propicia para recapacitar y evaluar el llamado a la controversia pacífica y enriquecedora que propone la nueva fuerza política que intenta sobreponerse a las condiciones adversas que generan los atractivos emocionales para rescatar los elementos básicos de la democracia.

Cuando se tiene claridad respecto a los horizontes hacia los cuales se puede avanzar, con firmeza y consistencia, en la dinámica conjunción de las distintas corrientes sociales es ya el indicio de un buen comienzo y estímulo para que emerjan los liderazgos adecuados que impulsen y hagan posibles y efectivas las reformas que tanto se requieren. Una aspiración que ojalá tome cuerpo en la conciencia colectiva para lograr conformar en el Congreso de la República, en marzo de 2022, una bancada poderosa y coherente que represente el espíritu regenerador que se reclama.

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