Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

La democracia, sistema político hasta hoy insuperable, referida para designar a una de las formas de gobierno en que puede ejercerse el poder político del y para el pueblo, que en suma y de manera formal describe al gobierno del pueblo y la sustancial al gobierno para el pueblo; y de la que Sir Winston Churchil, manifestara: “Es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”; se encuentra en peligro sin duda, particularmente cuando pensamos, analizamos, estudiamos, reflexionamos sobre su muy deficiente armonización, y le echamos la culpa de sus muchos males a la corrupción, la falta de independencia de sus órganos esenciales o la pésima calidad de nuestros dirigentes, en lo que se concentran las mayoría de las críticas y ofrecen desde luego una salida más que fácil y cómoda a la cada vez y cada día más creciente desconfianza ciudadana en sus instituciones.

Nunca deberíamos olvidar lo que alguien denominara «las precondiciones democráticas». No es suficiente la simple posibilidad de votar, ni la capacidad teórica de emitir libremente opiniones, puesto que una verdadera democracia, para serlo, necesita de un electorado informado, conocedor de la relevancia de sus decisiones, capaz de debatir racional y sosegadamente sus diferencias, por lo que para que sea mayormente cierta la democracia, interesa que sea debe ser participativa y activa sobremanera.

Creería que es aquí donde está la esencia de los desatinos que sobre ella se perora; puesto qué si de información se tratara, es inmensa la ignorancia de la mayoría sobre el andamiaje mismo del sistema, mecanismos, leyes, derechos y deberes que nos corresponden, y por cuanto convenientemente se ha sido incapaz por quienes gobiernan, de proporcionar una educación suficiente que evite tales desafueros.

Si además de lo cual, si al desconocimiento generalizado, resultado de una enseñanza que menosprecia dichos contenidos, adicionamos la imposibilidad de adquirirlos mediante otros medios, el problema se agranda y se complica; toda vez que intolerancia, polarización, violencia e intransigencia de los opinadores públicos, ayudan a dificultar una sana convivencia democrática. Así mismo, el absurdo uso de las redes, la proliferación de falsos contenidos, la “inconmensurable sapiencia de los expertos en todo”, redondean un panorama mediático y contagioso que obstaculiza el buen y mejor funcionamiento del país.

Finalmente, podemos igualmente decir que se percibe y hasta se palpa un desplome de lo colectivo; ya que hábil y sistemáticamente desmantelada, hemos perdido la conciencia de todo cuanto nos une e identifica. Lo que vemos en la verdad de ya no compartir tradiciones, intereses ni proyecto. Somos territorios que nos disolvemos sin remedio, e impávidos vemos como gana terreno el individualismo, lo particular, lo demagógico, el populismo y muchos otros conceptos, de suyo incompatibles con la construcción democrática de una casa y causa común, lo que hace que nuestra democracia no pueda sostenerse. Si no aprendemos sus fundamentos, soportes, esencialidades, compendios, elementos y principios; si sólo recibimos de ella una imagen inadecuada y terminamos perdiendo la esencia de su origen y fines, nada evitará que, más temprano que después, desaparezca irremediablemente de entre nosotros, lo que marcaría una fatalidad innombrable. Lo que no tendría justificación alguna. saulherrera.h@gmail.com *Abogado. Especializado en Gestión Pública.

Derecho Administrativo y Contractual.

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