Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
Precisamos lo mismo que exigimos desde lo local a lo nacional, gobiernos signados por la congruencia, la proactividad, la firmeza, el liderazgo y visión estadista que los consolide con estilo propio. Exitosos. Que superen de la mejor forma y manera posible retos, desafíos y dificultades. Que derriben privilegios. Que eliminen los excesos que benefician a unos pocos. Justos. Accesibles. Estables. Coherentes. De puertas abiertas. Que atraiga en condiciones ventajosas la inversión nacional y extranjera. Que busque justicia para todos, no para los privilegiados. Que actúen con firmeza e inteligencia. Combatan a fondo inseguridad y corrupción. Procuren el bienestar social y el fortalecimiento de los derechos ciudadanos.
Gobiernos real y verdaderamente humanistas, que incluya a los jóvenes en la construcción de porvenir, amplia cobertura de calidad en salud y educación, consolidar proyectos clave para la autosuficiencia de agua potable, energética y alimentaria, proteger el medioambiente, apalancar los sectores productivos, priorizar la soberanía alimentaria, promover en todas sus instancias el desarrollos urbano y rural, hacer cierta la igualdad sustantiva, velar por la erradicación de toda clase de violencia, promover el acceso a servicios de salud integral, defender a ultranza los intereses superiores de los asociados. Comprometerse con hacer de los suyos territorios más justos, igualitarios y prósperos. Avanzar con carácter, buen criterio y liderazgo, hacia la consolidación de una esperanza para todos.
Importa que hagan del optimismo y la esperanza una constante, reflejar una confianza cultural en la capacidad de salir adelante, incluso frente a retos que persisten y evolucionan. Plantear y acudir a políticas más efectivas en ruta a generar progreso. hacer lo necesario para mitigar los efectos del cambio climático. Proteger a las comunidades más vulnerables. Ampliar las esferas de las oportunidades. Buscar siempre el equilibrio, lo mquie de una u otra forma dependerá de la capacidad de los territorios para invertir en educación y capacitación tecnológica, de modo que la fuerza laboral pueda adaptarse y aprovechar los cambio en lugar de temerlos.
Es acompañar el optimismo con acciones concretas y que la esperanza de un mejor futuro no deba ser solo un reflejo cultural, sino una oportunidad para exigir y construir políticas públicas que atiendan los retos importantes y urgentes, lo que dependerá de las decisiones que tomemos, tanto como individuos, sociedad y gobiernos para transformar la esperanza en acción.
*Abogado. Columnista. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Magister en Derecho Público. saulherrera.h@gmail.com
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