Por: Ethel Carolina Cerchiaro Figueroa*

Los departamentos del país requieren de todos nosotros, en vía de una verdadera ruta de desarrollo social y humano, crecimiento económico, sostenido progreso e integral prosperidad, de un trabajo denodado sin pausa, así como nunca atender los cantos de sirena populistas que anuncian con irreales heraldos la victoria y con actos de magia salir de la marginalidad, haciendo creer a los incautos haber llegado al paraíso que predican marchantes de prosperidad como Stiglitz, Sachs, Piketty; esto es, un mundo feliz, sin obligaciones y un Estado cargando a sus espaldas el peso de lo absurdo.

Tenemos que avanzar como sociedad con prisa y sin descanso, aportar lo más que podamos desde nuestro ser, hacer y quehacer. Evitar que se sigan profundizando atraso, inequidades, desigualdades, resentimientos, mezquindades, irresponsabilidades, errores, fraudes, corrupción. No podemos permitirnos la barbarie de seguir fabricando iletrados, pobres, enfermos, drogadictos, analfabetos, delincuentes, servidores públicos corruptos, que nos llevan sin remedio, montados en una economía famélica y agonizante fruto de la corrupción en todas sus formas, a la disolución, que deja a la población vacía de espíritu, desesperanzada y desesperada en los más de los aspectos. 

No podemos seguirnos dando el lujo de ser departamentos fallidos, desprestigiados, soportados en falsedades estadísticas, sin confianza y con gastos públicos y déficits inconmensurables, insostenibles, que impiden crecimiento y niveles de productividad y competitividad. Precipitados estamos a ser inviables como departamentos. No podemos pensar que las moscas se cazan a cañonazos, ni que un incendio, por devastador que sea, va a matar a todos los insectos; y mientras tanto, tenemos que cargar con el agravante adicional que la sociedad está al borde de la miseria colectiva, lo que es ir de mal en peor. 

Necesitamos líderes, administradores públicos, gobernantes, dirigentes, propuestas y políticas serias, cero corrupción, métodos y razones de ser ajenas a toda componenda, fanatismo, improvisación y populismo, siempre necio, pernicioso y perverso.  Fe, certeza y esperanza es lo que necesitamos. Que la gente reaccione en la búsqueda de quienes mejor la interpreten, que hagan viables sus demandas, que le generen adelantos, que crezcan la economía, que generen empleo, que la provea de servicios, infraestructura, educación, salud, calidad de vida. Políticas coherentes es lo que requerimos, sustentadas en nuestras propias verdades y realidades, abiertos a seducir, estimular e incentivar en condiciones adecuadas a inversionistas nacionales e internacionales. Prospectos para fomentar nuevas radicaciones en beneficio colectivo es lo que voz en cuello pide, clama y reclama nuestra gente.ethelcerchiaro@hotmail.com *Administradora Financiera. Especializada en Gerencia Pública

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