Por Carlos Villota Santacruz

Quienes transitamos por el mundo del marketing político y la comunicación hemos sido testigos del trabajo de las personas – que por elección popular- ocupan una posición pública de responsabilidad del orden local, regional y nacional. En el caso del ex presidente de los Estados Unidos Donald Trump, -quién llegó a la Casa Blanca utilizando las redes sociales como plaza pública para generar polémica- no solo salió por la puerta de atrás el pasado 20 de enero de 2021, sino que “dejó en cuidados intensivos a la democracia; en medio de descredito del sistema representativo”.

En su afán de legitimarse, desdibujó su gestión. A pocos días de entregar el cargo a su sucesor, el Democrata Joe Biden, lideró la toma violencia del Congreso en la ciudad de Washington, ante la sorpresa de la opinión pública mundial, que no daba crédito a lo que observaba por televisión y redes sociales. El resultado de esa acción desesperada por mantenerse en el poder, bajo el argumento que le robaron las elecciones en el mes de noviembre de 2020, hizo perder la poca credibilidad de su Gobierno. Provocó la desbandada de su Gabinete. Fracturó la institucionalidad y dejó varios interrogantes, que serán respondidos con el paso del tiempo. Una de ellas, ¿si el juicio político que inició la Cámara de Representantes dará transito al Senado? ¿Fundará un nuevo Partido politico?. ¿Se quedará callado ante los pronunciamientos de su sucesor?

Sin temor a equivocarme, Donald Trump es un actor público que no da puntada sin dedal. Que  da un paso pensando en el horizonte. Es un hombre, al que el ego lo supera sobre la necesidad de tender puentes con los ciudadanos y el Estado, en medio de una crisis sanitaria que ha contagiado a  más de 80 millones de personas en el planeta. Ha provocado la muerte de 2 millones de personas. Lo más preocupante, es que este escenario parece que no tiene en el inmediato futuro una solución integral. Ni siquiera la vacuna contra el coronavirus, parece salvaguardar la vida de la presente generación.

Estamos en presencia de una patología de liderazgo, con el protagonismo de un ex presidente de los Estados Unidos Donald Trump que llegó al poder con la propuesta de construir un muro con la frontera con México. En la práctica, lo que hizo fue edificar un círculo que lo encerró en sus colaboradores, que le aguantaron hasta el final de su mandato sus declaraciones y sus decisiones, ausentes de diplomacia.

Lo que se vivió En Estados Unidos el 6  de enero de 2021- fue una incertidumbre, preocupación y un vació institucional. Una especie de muerte de la democracia. El derecho al voto de los norteamericanos, paso al olvido por la prepotencia de Trump, que hizo de la transición del poder, un proceso traumático. Ni siquiera su esposa Melania, tuvo la delicadeza de mostrar la sede presidencial a la señora Biden, una educadora que tiene en el poder de la palabra, una fuente de conocimiento y respeto por pensar diferente. Si. Así de claro. Un Jefe de Estado norteamericano propinó un golpe directo a la democracia, remplazándola por una violencia sin argumentos, que dejó como resultado 5 personas muertas y 50 detenidos.

Todo este escenario, en un país que ha afirmado por historia que es el territorio de la libertad, las oportunidades y el respeto a la ley. Con este antecedente, la terea del presidente Joe Biden  -con una mayoría ajustada en el Congreso- no la tendrá fácil. Trump tratará de descalificar su acción de Gobierno. Sobre todo, en medio del impacto de la pandemia del coronavirus: ¿qué sabemos cuándo inicio pero no sabemos cuándo va a terminar?

Además, el Partido Republicano buscará no desparecer del todo del panorama político. Más teniendo en cuenta las elecciones del medio término –la cita será en dos años- Un ejercicio democrático, que normalmente son contrarias, a quién ejerce la oposición. Por eso, es importante hacer algo que el ciudadano perciba que el Gobierno se ocupa de ellos. La prueba es, las medidas que ha tomado Biden –desde la Casa Blanca- alrededor del manejo del Covid -19 como el uso obligatorio de la mascarilla. El aislamiento por quince días de los pasajeros que ingresan por los terminales aéreos, terrestres y marítimos.

Las medidas adoptadas hasta ahora por el entrante Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares de los Estados Unidos, se traduce en un paquete generoso de medidas de choque contra el virus chino. Es decir, se busca salvar vidas, pero a la vez generar confianza. Algo, que bajo la administración del presidente Trump se diluyó como “el agua entre las manos” No en vano, su índice de `popularidad fue negativo en un 65 por ciento, cuando partió al Estado de la Florida, donde fijo su residencia.

Caminando por las calles de New York, New Jersey, Miami o Denver, la que se escucha por parte de los norteamericanos, es que existe la sensación es que con la llegada de Joe Biden a la Oficina Oval de la Casa Blanca, el Estado comienza ocuparse de una sociedad en crisis. En una situación, donde la peor parte la llevan el personal médico y las personas de la tercera edad.

Paralelamente, los Republicanos no están contentos con el paquete de medidas frente a la pandemia. Lo que se ve venir, es una gran discusión y duros debates al interior del Congreso en la ciudad de Washington. Con la posibilidad de acabar, que dos tercios de los senadores interrumpan el proyecto de legislación. Por eso, este tema es tan importante en la recta final del mes de enero de 2021, qué además; es el inicio de la tercera década del siglo XXI.

Estoy convencido que los Demócratas –como bancada- realizarán una conciliación del presupuesto, aprovechando sus mayorías. Es una situación compleja en términos de orden legislativo, que afectaría la hoja de ruta del Gobierno Biden. Su oxigenación entonces, correría por cuenta de la Vicepresidente Kamala Harris, quién está llamada a impulsar éxitos tempranos, que levanten a la opinión pública en favor del nuevo amanecer económico, social y político.

En ese contexto, lo que diga o deje de hacer Donald Trump podría tener un alto costo electoral para el Partido Republicano a futuro. Todo por cuenta, que el empresario construyó su propio “muro”, que lo podría ahogar definitivamente, bajo el nombre de la muerte política. Sin tener derecho a los beneficios como ex presidente de los Estados Unidos- Un hecho que no estaba en sus cuentas. A propósito de este comentario. Usted que piensa e mail

carlosvillotasantacruz2020@gmail.comInternacionalista, experto en marketing político. Comunicador Social y Periodista y escritor. Coautor de los libros “Gobierne bien y hágalo saber”. “Los Estadios de la Paz en Colombia”. Prologuista del libro “El Zumbido de la Justicia en la pospandemia”

Twitter @villocol Carlos Villota Santacruz -Colombia- Internacionalista. Consultor Político. Escritor –Colombia- Villota Santacruz Consultores –Marketing de Comunicación y Gobierno-

 Internacionalista. Experto en marketing político y marketing de ciudad. Escritor. Coautor de los libros “Gobierne bien y hágalo saber”. “Los Estadios de la Paz en Colombia”. Prologuista de los libros “El Zumbido de la Justicia en la pospandemia”. “Antología”. Conferencista permanente de la Cumbre Mundial de Comunicación Política. Catedrático y columnista en Colombia, Estados Unidos, México, Uruguay y Argentina. Asesor legislativo. Ex asesor del parlamento Andino. Premio Victory Awards. Mejor Libro de comunicación política. Capítulo “El nuevo clima de la comunicación política en Colombia. Washington –Estados Unidos- 2016 Premio Raíces en la categoría de educación y cultura en Buenos Aires, Argentina 2016 y 2017. Finalista premio ALACOP. Categoría Contribución a la democracia. México 2018.

Contacto Celular 57-3153540770 Twitter@villocol Facebook/carlosvillotasantacruz

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