Por: Hernando Pacific Gnecco*
Casi terminaba la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, Estados Unidos y la Unión Soviética, antiguos aliados, recelaban entre sí. El Palacio de Lidavia en Yalta, Crimea, fue testigo de ello empezando 1945; pocos meses después, en Postdam, cerca de Berlín, Churchill, Roosevelt y Stalin se repartían el mundo luego de la derrota nazi, mientras Estados Unidos buscaba doblegar al Japón.
El mapamundi sufría un cambio drástico, en el cual la Unión Soviética se llevaba la tajada más grande. El espionaje, que fue fundamental para la derrota del Eje, cobraría ahora un lugar más preponderante que las armas de disuasión y las confrontaciones militares. Una de las consecuencias de la gran guerra fue la fuga de cerebros nazis hacia ambas potencias; ahora comenzaba la carrera espacial.
Estados Unidos pretendía contener la expansión soviética, obtener sus secretos militares, espaciales y nucleares, y monitorear la expansión del comunismo; la Unión Soviética tenía objetivos parecidos: obtener información de las redes de información estadounidenses, adquirir secretos tecnológicos y establecer redes de influencia en Occidente. Las agencias entraron en acción: la CIA norteamericana y el MI6 británico trabajaron de la mano con la colaboración de la BND alemana, la SDECE francesa, la SID italiana y otras agencias de inteligencia de países miembros de la OTAN. Los soviéticos utilizaron a la temida KGB, además de la Stasi de la RDA, la SB polaca y la StB checa; contaban con la ayuda países del bloque soviético como Bulgaria, Hungría o Rumania, además de los países de la URSS. Todo un intrincado entramado de ambos lados.
Para ambos lados era importantísimo el reclutamiento de agentes dobles; entraban en juego la ideología, el dinero o el chantaje. Además de los métodos ya conocidos como la interceptación de comunicaciones o la vigilancia física, aplicaron la microfotografía de documentos y fichas, tecnología electrónica de audios y videos, y fotografía aérea de alta resolución, entre muchas otras. Las embajadas y organismos internacionales eran el campo de acción de los espías.
Ya desarrollada la carrera espacial, la fotografía desde los satélites fue el arma principal. Por ejemplo, la famosa Crisis de los Misiles de 1962 surgió debido a la información obtenida por fotografía satelital. Sin embargo, no estaba muy desarrollada; la construcción del Muro de Berlín sorprendió a Occidente, mostrando fallas importantes.
La actividad del espionaje ebullía en todo el planeta; hubo operaciones exitosas y fracasadas, así como espías temidos y famosos. Klaus Fuchs fue un físico alemán que robó secretos nucleares para los soviéticos; Aldrich Ames, oficial de la CIA, traicionó a sus colegas espiando para la Unión Soviética, y después para Rusia; Rudolf Abel, el legendario agente soviético capturado en Nueva York, era espía doble. También estaban los " Cinco de Cambridge", estudiantes británicos reclutados por los soviéticos en los años treinta, que proporcionaron información crucial durante décadas. Oleg Penkovsky, coronel soviético, fue uno de los topos más valiosos de Occidente. Era tan relevante el espionaje que el personaje James Bond, el 007, fue inspirado en varios espías: Dusko Popov, agente doble serbio; Peter Fleming, hermano del creador; Patrick Dalzel-Jod, quien trabajó para Fleming; “Biffy” Dunderdale, elegante jefe del MI6, Sir William Stephenson, miembro también de la agencia británica, y el propio Ian Fleming, que aporta su experiencia y estilo de vida. Todo un epítome del espionaje de la Guerra Fría.
Esa época, trasladada a libros y filmes, estableció los patrones del espionaje actual: encriptación e interceptación de las comunicaciones, reclutamiento de topos y la guerra psicológica. Mientras la desconfianza generó paranoia mutua, aparecían pugnas internas y “desapariciones” de agentes sospechosos. Las inversiones monetarias fueron incalculables y el costo en vidas, enorme; las silenciosas guerras de espionaje modelaron la geopolítica de la postguerra, permitieron el desarrollo tecnológico y han sido decisivas en los siguientes conflictos armados. Esta actividad no solo sirvió para recopilar información: fue un instrumento de poder que mantuvo el equilibrio del terror nuclear y definió el orden mundial durante la Guerra Fría.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com

