anny herrera villa- Ingeniera Industrial

Por: Anny Margarita Herrera Villa*

Salir de la pobreza tienen que ser razón de ser de Estado y de gobiernos, por lo que hay que conjugar en ello factores de suyo determinantes tales como salario, apoyos sociales y servicios del Estado en materia de educación, salud, vivienda y comunicación, como parte de un todo humanista, orientar el Estado un sentido absolutamente social que bien se puede definir como su fuerza social en beneficio de los más pobres, lo que implica generar su fuerza hacia las masas empobrecidas cuya tranquilidad puede dar al país estabilidad social y financiera, y de esa forma garantías y confianza a la inversión privada, pero sobre todo transitar hacia un país menos equitativo, menos desigual y más justo.

La pobreza no está bien, es ella una grave violación de los derechos humanos, crea inequidad, genera desigualdad, impide el desarrollo humano y es el origen de otros problemas como el hambre, la desnutrición, el analfabetismo, la migración y la falta de acceso a servicios básicos. Es una situación que debe ser combatida activamente, pues no solo perjudica a las personas afectadas, sino que debilita la cohesión social y es perjudicial para el crecimiento económico de un país.,

Es un problema de derechos humanos, negación de derechos fundamentales como el acceso a alimentación, vivienda, salud y educación; genera un ciclo de desventaja, afecta el presente, impide el desarrollo futuro al limitar las oportunidades de educación y empleo, perpetuando la desigualdad; debilita la sociedad, reduce la cohesión social y crea un ambiente de inestabilidad que afecta a toda la comunidad, incluso a quienes no la padecen directamente; es mal que podemos y debemos erradicar, ya que no es una fatalidad inevitable, sino una condición que puede y debe ser superada mediante políticas públicas y esfuerzos colectivos; más, por cuanto su raíz está en la desigualdad, no es la escasez de recursos, sino en su desigual distribución desigual.

Por todo lo expuesto, determinante es cambiar la narrativa, retar de plano y a fondo los discursos simplistas que culpan a los pobres y, en cambio, enfocarse en las barreras estructurales que impiden su progreso, por lo que hay que actuar con prisa y sin pausa desde todos los sectores y en consecuencia invertir en educación de calidad, crear trabajos y empleos dignos, promover la igualdad de género y garantizar el acceso a servicios básicos, los que serían pasos fundamentales.

Se requiere igualmente en dicho derrotero, fijar claros objetivos, establecer metas ambiciosas para erradicar la pobreza extrema y construir un mundo más equitativo y sostenible para todos; de ahí que la invitación, el propósito, sea trabajar juntos, sin dilación, para que la historia se incline hacia la justicia y la prosperidad compartida. Entendamos de una vez por todas que un mundo sin pobreza no es una utopía, más sí una meta alcanzable y por demás socialmente redentora. 

*Ingeniera Industrial. Especializada en Proyectos de Desarrollo 

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