Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Válgame  Dios que veo, una estancia de panela, para preparar el guarapo con limón y con deseos, así continuar desafiando la loma, para visitar a don Morfeo.

Allí muy cómodo siento, viendo girar el trapiche, triturando la caña, que va soltando los sumos, para luego someterlos al infernal fuego profundo, y convertirla en melaza de deliciosas mieles de perjurio.

Llevamos varias centurias, moliendo caña para el pueblo, que nos ha respondido con creces, con  lealtad al consumo; ya son los dueños de la marca, nada más que ellos, para que aviva tos y ladrones, quieran arrebatársela al pueblo. 

Los trapicheros menores, la continuaremos produciendo,

Puesto que ya es patrimonio nuestro, junto con los deseos del pueblo.

Y que viva la panela, con los pequeños trapicheros, pues tenemos clientela propia, pésele a quién le pese.

Pretender registrar un producto con cientos de años de tradición, construido por sus propios consumidores, es la peor indelicadeza que pueda cometer empresario alguno, con claras manifestaciones de carácter penal, por el delito de: Usurpación de Marca. 

El debate que se ha planteado sobre el querer despojar al público consumidor de Colombia, sobre: la producción, comercialización y consumo de la panela, para registrarse en nombre de una sola persona, deja entrever que se están generando muchos intereses: empresariales, políticos y económicos, en favor de tan absurdas pretensiones.

Nos dimos cuenta, cuando hemos establecido contacto con algunos de los directivos de: Fedepanela, que parece no importarles lo más mínimo la suerte de su gremio y la de miles de afiliados, que derivan su sustento del cultivo de la caña de azúcar y la consecuente producción y comercialización de la panela y sus derivados.

No olvidemos que de la panela se produce inmenso número de productos, que son comercializados en tiendas y supermercados, como artículos de primera necesidad y del cual derivan su sustento millones de colombianos.

Me parece absurdo, que las autoridades de vigilancia y control como el: Instituto Colombiano de Vigilancia y Control de Alimentos y Medicamentos, Invima y la Superintendencia de Industria y Comercio, no tomen parte activa sobre este proceso, el cual consideramos en caso de ocurrir su registro y aceptación en ambas entidades, se estaría dando un duro golpe a la Colombia Rural.

Quienes ya registraron algo similar al de la panela en los Estados Unidos, deben saber que : los productos de tradición, como en el caso al cual nos referimos,  están protegidos por el TLC, firmado entre Estados Unidos y Colombia y que por lo tanto, no son susceptibles de registro unipersonal en ninguno de los dos Países signatarios.

Pretender registrar el consumo de la panela a favor de una sola persona natural o jurídica, no pasa de ser una pandemia, propia de quienes pretenden despojar al público consumidor, de lo que han construido con sus propios esfuerzo de productores a través de cientos de años de: industrialización, comercialización y consumo .

Esperamos que la Superintendencia de Industria y Comercio y el Invima, no se les vaya a ocurrir, legalizar como propio el consumo de la panela; hacerlo equivaldría legalizar también en favor de una sola persona la: bandeja paisa, el sancocho montañero o la morcilla, entre muchas otras delicias, que se han desarrollado al vaivén de nuestra propia idiosincrasia y que por lo tanto pertenecen única y exclusivamente a los millones de consumidores, que con el correr de los tiempos, le han venido dando forma y consistencia.

Que algunos ingenios azucareros haciendo alarde de su prepotencia empresarial y económica, pretendan adueñarse de toda una tradición, escrita en los anales de nuestra historia, – desde las épocas de la colonización-, para calmar el hambre y la sed de: campesinos, labriegos, arrieros, caminantes y cargueros; no pasa de ser obra de leguleyos, que sin ningún sentido común y social, pretenden, robarse las tradiciones de nuestras regiones, a punta de su ignominia e ignorancia, únicamente y exclusivamente con el fin de atesorar más usura, para enaltecer su ego personal y familiar. 

Quererse apropiar de un producto de consumo masivo y con una extensa tradición como en el caso de la panela, no pasa de ser golpe bajo, a las más de 350.000 familias, que la producen y a los miles de pequeños y medianos trapicheros, que a través de varios siglos han escrito una historia de paz y de progreso, para las regiones más vulnerables del País. 

Los señores potentados de los ingenios, que pretenden cometer semejante asalto social, deben tener en cuenta, que la panela además de ser producto básico de la canasta familiar, también es utilizada para cientos de usos agros industrializados de incalculable valor y consecuencias económicas.

urielos@telmex.net.co

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