Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Por: Alfredo León Leyva*

Aunque la RAE reconoce la voz: Emprestar, como arcaica y en desuso; y que en su reemplazo recomienda la utilización del término Prestar, que significa: Entregar algo a alguien para que lo utilice durante algún tiempo, y después lo restituya o devuelva. 

Pero pareciera en el pasado que ambos términos se utilizaban con una connotación diferente, aunque ligadas en su sentir principal. Así la utilización o empleo de la voz: Emprestar, se ha usado para definir la acción de recibir algo que se debe devolver a su dueño en los términos de tiempo, lugar y especie pactados. Algo así como si se pidiera, y se pasara a deber.

Y cuando utilizamos la voz: Prestar, denota que se entrega algo nuestro para el beneficio temporal de otra persona, pero que no deja nunca de ser nuestro. Diríase entonces colegido, que cuando empresto: pido algo para mi beneficio temporal que adeudo y debo cancelar en un límite de tiempo; y cuando doy es que presto algo mío que me han de devolver y me adeudan.

El término conlleva consigo, sea emprestar o prestar, un sentido casi que absoluto: económico. Sea en especie o en retórica de la galantería a las que llamamos favores. 

Se puede emprestar a un amigo, o a un agiotista que no es nuestro amigo, aunque finjamos que lo es; y casi que no hay excepción en tales sentires de que recibimos un beneficio del otro, del que se desprendió así sea temporal. 

Y cuando prestamos, somos nosotros los que nos desprendemos de algo nuestro para beneficio del otro, así sea temporal; e indefectible nos lo deben.

En los libros de Éxodo y Levítico se considera el término Prestar, como ayuda sin lucro; en el libro de salmos y el evangelio de Mateo, se halla como generosidad desinteresada; y en Salmos y Romanos, es la responsabilidad de pagar lo adeudado.

William Shakespeare con su pragmática visión advierte que “el acto de prestar dinero a menudo es peligroso, y hace que se pierdan ambos: el dinero, y el amigo”.

Dante Alighieri advierte en el Origen del Valor, en la Divina comedia, que emprestar o prestar es: “pecado de violencia contra la naturaleza y una ofensa directa a Dios”.

Hace ya mucho tiempo de aquello, y que a mis años es frágil el recuerdo que permanece en mi memoria, pero con saltos que todavía alcanzo a coordinar y transmitir a la generaciones venideras de estos tiempo, eso trato; y de ello sucedido, localizado entonces en la hermosa finca tenida por mi abuelo en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, cuando al pie de una quebrada de aguas limpias y frías que corrían raudas en donde enjambres de tominejos calmaban su sed con esas dulces, cuando fue que amoroso me dio entonces su consejo y dijo: ¡Mijo, el día que un amigo le pida que le empreste dinero y usted le preste; sepa, que ese día usted compró un enemigo!

Carajo, mi abuelo tuvo razón por más de una vez. De ello dan fe, más de una docena de esos que escogieron dejar de ser mis amigos, pues nunca me pagaron.

Moraleja: Mis amigos en los últimos días se han decido a partir, casi todo sin avisar, y de ellos uno que no está aún decidido a irse, me dijo algo reclamante: No te vi en el sepelio de Julio. Y prosiguió: Bueno, al fin tu no eras muy amigo de él. Le respondí: Si es cierto, no fui al funeral. Pero si me dolió cuando me enteré de su partida. Y fíjate que tal suceso provocó tal reflexión que te comparto: Hable con Dios y le dije que me estaba quedando sin amigos que hablaran mal de mí; pues, casi todos habían fallecido. Y me sentí culpable por haberles dado la oportunidad de que lo hicieran, y temo que siga sucediendo por tal motivo. Así, que amigo, parece que Dios me quiere mucho. ¡Cuida de no hablar mal de mí!

 *Ingeniero. Escritor. Analista. Columnista

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
1
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *