Juvenal Infante- Economista. Analista Internacional

Por: Juvenal Infante*

Los colombianos elegimos Presidente. Resultó electo el jurista y empresario Abelardo de la Espriella, quien hereda, o mejor, mal hereda problemas conocidos por todos: inseguridad, narcotráfico, déficit fiscal, crecimiento insuficiente y deterioro institucional. Tendrá además cla tarea, cuya importancia rara vez ocupa los titulares y que condicionará todas las demás: recuperar la confianza internacional en Colombia.

Nunca antes el país había padecido un descrédito internacional tan hondo como el que deja el actual gobierno. Costará años repararlo. Por experiencia propia sé que la reputación de una nación tarda años en construirse y puede deteriorarse en muy poco tiempo.

Colombia hizo durante décadas esfuerzos enormes para superar la imagen que le dejaron Pablo Escobar y los carteles de la droga. El mundo veía entonces a un país que luchaba por recuperar su futuro. Esa confianza tardó mucho en reconstruirse. Por eso resulta tan grave comprobar hasta qué punto se ha deteriorado de nuevo.

La degradación de la calificación crediticia, la incertidumbre sembrada entre inversionistas y mercados, los roces con aliados históricos, la cercanía política con las dictaduras más reprobadas del continente, la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas y hechos tan insólitos como la inclusión del propio Presidente de la República en la llamada Lista Clinton han erosionado uno de los activos más valiosos del país: la confianza que Colombia había logrado construir ante gobiernos, inversionistas y socios internacionales.

La tarea del próximo gobierno será reconstruir esa confianza. Pero también deberá recuperar una visión del mundo que brilló por su ausencia durante estos cuatro años.

En la campaña se habló extensamente de seguridad, salud, empleo e impuestos. Pero menos se dijo sobre cómo Colombia debería relacionarse con las grandes transformaciones que ocurren más allá de nuestras fronteras.

Lo que Deng Xiaoping puso en marcha en 1978, que tanto traigo a colación en estas columnas, fue mucho más que una reforma económica. China comprendió antes que muchos otros países la magnitud de los cambios que se avecinaban y abrió un camino que en pocas décadas sacó de la pobreza a centenares de millones de personas. Hoy es el segundo socio comercial de Colombia. Ignorarla no es prudencia; es un lujo que el país no puede permitirse.

India emerge como una gran potencia tecnológica. Singapur sigue siendo una lección de lo que puede lograr un liderazgo con visión de largo plazo.

Y está Rusia, país que conozco bien por haber vivido allí como diplomático colombiano: una nación de gran tradición científica, tecnológica y cultural. Aun en medio de profundas diferencias con Moscú, Estados Unidos mantiene espacios de cooperación. Colombia haría bien en entenderlo.

Henry Kissinger lo entendió. Alain Peyrefitte lo advirtió en 1973 cuando pocos en Occidente consideraban viable a China. Lee Kuan Yew lo demostró desde Singapur. Los tres comprendieron que el futuro favorece a quienes saben observar el mundo sin anteojeras ideológicas. Colombia necesita recuperar esa capacidad de mirar lejos.

Por el bien de Colombia y del futuro de los colombianos, espero y deseo a Abelardo De la Espriella como Presidente. Confío en su inteligencia, su carácter y su férrea voluntad de lograr lo que se propone. Confío igualmente en la experiencia y el rigor de José Manuel Restrepo. Más allá de los nombres, lo que el país necesita es un gobierno capaz de devolverle la seriedad y el respeto que perdió ante los mercados, los organismos internacionales, los centros financieros y aquellos países con los cuales deberá construir su futuro.

Ya elegido nuestro Presidente, viene lo más importante: recuperar la confianza perdida y volver a mirar el mundo con la dignidad, la inteligencia, el realismo y la ambición que Colombia necesita. 

*Economista. Analista Internacional

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