Por: Catalina Ortiz*
La señal que está enviando el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella frente al uso de la tecnología es alentadora y, sobre todo, refrescante. En lugar de conformar ejércitos de burócratas para revisar manualmente miles de contratos, el equipo de empalme está usando inteligencia artificial para cruzar bases de datos y encender alertas tempranas sobre irregularidades. No se trata de reemplazar el criterio humano, sino de potenciarlo para que sea más efectivo. Estamos ante el nacimiento de la PatrIA Milagro: un Estado que incorpora la tecnología para funcionar de manera diferente y mejor.
Este será el primer gobierno colombiano que nacerá y terminará en un país donde la IA ya es parte de la vida cotidiana. Sería un enorme desperdicio que esa revolución digital ocurra en los hogares, empresas y universidades, mientras el aparato estatal sigue sumido en el papeleo y la inercia burocrática.
La IA no es una excusa para desmantelar el Estado, sino la herramienta para volverlo verdaderamente eficiente y justo. Su poder no está solo en agilizar trámites, sino en transformar la gestión pública: cruzar macrodatos en tiempo real para frenar en seco la evasión fiscal, afinar el bisturí en la focalización de los subsidios sociales para que lleguen a quienes de verdad los necesitan, y detectar los focos de desperdicio y corrupción antes de que los recursos se pierdan. Los países de la OCDE ya lo entendieron: dos terceras partes de sus miembros usan IA generativa para aumentar la capacidad del Estado. No se trata de sustituir empleados, sino de liberarlos de folios polvorientos y tareas repetitivas para concentrarlos en lo que de verdad importa: proteger el dinero público y resolver los problemas estructurales de los ciudadanos. Hacer mucho más con menos.
En Colombia, en cambio, hemos sufrido de parálisis por análisis. Durante años dedicamos más energía a regular la IA que a implementarla. Llenamos anaqueles con documentos Conpes, guías y principios éticos. Pero regular una tecnología no equivale a usarla; la innovación no se adopta por decreto. El desafío de este gobierno es lograr que la tecnología baje del papel y se convierta en la herramienta diaria de cada servidor público.
Por supuesto, el camino tiene trampas. La pésima calidad de los datos estatales, la falta de interoperabilidad entre ministerios, el miedo natural al cambio y las brechas digital y de conectividad son obstáculos reales. Si no hay liderazgo, la tecnología puede generar más confusión que eficiencia. La IA exige preparación y una gerencia pública de altísima calidad.
Apenas estamos entendiendo la magnitud de lo que se puede lograr incorporando la IA al Estado, los servicios que podemos ofrecer y los costos que se pueden ahorrar. Las cartas están sobre la mesa y las señales tempranas son claras. El Estado colombiano tiene la oportunidad histórica de dar un salto hacia una patria milagrosa en su capacidad de incorporar la tecnología para ecualizar oportunidades y beneficiar a sus habitantes. Un milagro que, por el bien del país, tendremos que construir entre todos.
*Abogada. Masister en Administración Pública. Ex Congresista. Columnista

