Por: Mayor Alfonso Tinoco*

La historia ofrece lecciones que, aunque surgen de contextos muy parecidos, nos revelan un patrón inquietante: cuando la administración pública de este gobierno pierde de vista la dignidad humana, la dictadura puede convertirse en un instrumento de muerte. No se trata de equiparar realidades incomparables, sino de reconocer que la indiferencia, la desorganización o la frialdad técnica pueden tener consecuencias devastadoras para quienes depende su vida y la de los suyos, de las decisiones siniestras.

El caso de Adolf Eichmann, uno de los principales organizadores logísticos del Holocausto judío, es el ejemplo extremo y más brutal de cómo un funcionario puede transformar la maquinaria administrativa en un mecanismo de exterminio. Eichmann no empuñó armas ni diseñó cámaras de gas; su rol fue “solo” organizar trenes, rutas, horarios y deportaciones. Sin embargo, esa labor burocrática —aparentemente técnica, casi rutinaria— fue indispensable para que más de seis millones de judíos fueran enviados a la muerte. Su juicio en Jerusalén reveló la dimensión más oscura de la obediencia ciega y la eficiencia deshumanizada hacia un líder con desorden mental: la capacidad de un asesino para causar un daño inconmensurable sin ensuciarse las manos.

En Colombia, el contexto no es completamente distinto pero parecido: un Estado que dice ser democrático, instituciones en funcionamiento no propiamente para salvar vidas y un sistema de salud que, aunque imperfecto, había logrado sostener la atención de millones de ciudadanos. Sin embargo, la crisis reciente de este gobierno y del ministro de salud Guillermo Alfonso Jaramillo, el Adolf Eichmann colombiano y su líder GALÁCTICO Gustavo Petro, ellos, son responsables del mal servicio, del desabastecimiento de medicamentos esenciales y la intervención DICTATORIAL, que, según cifras, desde 2023 se presenta una crisis en el sistema

de salud con más de 4.800 muertes evitables, lo que se puede describir como una tragedia silenciosa, para miles de colombianos. Esta vez no hay cámaras de gas como el de los centros de exterminio construidos en la Polonia ocupada, si no el Ministerio de salud y sus dependencias, comparados con el complejo en su época de Auschwitz-Birkenau.

Lejos pensar que se trate de un plan deliberado de exterminio de colombianos pobres, sino de decisiones administrativas que, por denuncias públicas, han puesto en riesgo la vida de miles de pacientes en Colombia. Familias que esperan medicamentos oncológicos, niños sin tratamientos crónicos, adultos mayores sin insulina, pacientes que mueren sin que se les dé una autorización: estos hechos, documentados por veedurías, asociaciones médicas y entes de control nacionales e internacionales, muestran cómo la mala gestión, la improvisación, la falta de previsión y el interés DOLOSO, pueden traducirse en sufrimiento real y muchas muertes. La burocracia socialista, cuando falla, también mata, aunque lo haga de manera dispersa, silenciosa y sin titulares estridentes.

La comparación no es moral ni histórica; es estructural, es de ideológica. En ambos escenarios —uno totalitario y genocida, otro socialista y en crisis— aparece la misma advertencia: cuando quienes administran sistemas vitales olvidan que cada trámite, cada retraso y cada decisión afecta vidas humanas, la responsabilidad se convierte en un riesgo mortal.

Eichmann encarna el extremo absoluto de esa deshumanización: la eficienc ia al servicio del horror. La crisis de salud en Colombia en manos de Guillermo Alfonso Jaramillo representa un recordatorio contemporáneo, de que incluso en sociedades de las que se apodera el SOCIAL-PROGRESISMO, lanegligencia administrativa e intereses oscuros, puede tener consecuencias irreparables y muy parecidas con las llevadas a cabo por los NAZIS.

El país necesita recuperar una verdad elemental: la gestión pública no es un ejercicio técnico, sino un compromiso ético con la vida de los ciudadanos. – ¡hoy nos están matando! Y de todas las formas – Cuando ese principio por la corrupción y el ansia de poder se eleva, la historia —en sus distintas escalas— demuestra que el costo siempre lo pagan los más vulnerables.

En manos de los mismos colombianos esta que no se repita en AGOSTO, el caso Eichmann en la próxima TOMA DE PODER por los PROGRES SOCIALISTAS. 

*Veterano Policía Nacional de Colombia

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