JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO

Por: José Manuel Herrera Brito*

Se nos dijo siempre, hasta la saciedad diría yo, que somos un país con vocación agrícola y pecuaria, que bien y mejor podemos ser despensa del mundo, que quien tiene la comida gana la guerra y otra serie de frases que no hemos acatado para que lo cual sea cierto y podamos ciertamente consolidarnos como una potencia orbital. Así las cosas, para que ello sea una realidad, considero que tenemos que sumarle a lo dicho educación, ese bien público esencial que definido está como la formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen y también transmisión de conocimientos a una persona para que esta adquiera una determinada formación; puesto que sin una formación de calidad, inclusiva y equitativa, jamás ni nunca saldremos de la pobreza y miseria que deja atrás a millones de infantes, adolescentes, jóvenes y personas mayores en la vera del camino.

Necesitamos con urgencia suma recuperar nuestra economía; superar, ojalá con creces, las gravísimas consecuencias creadas por triple emergencia sufrida y de la que aún no nos reponemos del todo, en lo que ayudará y clave será sin duda la educación en todos sus espectros, lo mismo que el agro, las tierras rurales y su integración real con los centros urbanos, en la certeza que la materialización de su potencial requiere de la innovación y la tecnología para potenciar círculos provechosos de crecimiento económico, creación de empleo digno, duradero y bien remunerado, así como la reducción de la distancia social.

Tenemos como municipios, departamentos, regiones y país ver el agro como actividad eje, vital, central, más cuando a todos consta que nos dio la mano en la emergencia vivida manteniéndose activa. Requiere potenciarse, robustecerse, dar un salto realmente cualitativo, en el cual incorporar sin regateo, las ventajas todas de la digitalización y demás avances tecnológicos. Es cambio y transformación que requiere de la formación de nuevas capacidades, pues la digitalización de la agricultura contribuirá a aumentar oferta y calidad de los alimentos en articulación con el ambiente, procesos que deben adelantarse con la población rural y acceder las nuevas generaciones a una formación adecuada, a fin de capitalizar los beneficios de la denominada “cuarta revolución industrial” en los procesos transformadores de la agroindustria. Tecnología, factor humano y las organizaciones, conscientemente debidamente empoderadas, son las que permitirán tales desarrollos; de ahí que inmersa la digitalización en la actividad rural, necesario es avanzar para que la educación brinde a la población rural asumir su protagonismo, de ahí que urgente sea atender los problemas de la conectividad rural y el desarrollo de las habilidades digitales.

Importa de la misma manera, ponernos a tono con las demandas del futuro, impulsar el desarrollo de la educación agrotécnica, modernizar las instituciones educativas rurales para formar recursos calificados entre la población joven, favoreciendo el arraigo, los vínculos con los sectores productivos y el desarrollo integrador e inclusivo de los territorios y su población formar a los líderes que transformarán nuestros sistemas agroalimentarios. Por eso, brindar mejores oportunidades mediante una formación de excelencia en las escuelas agrotécnicas debe ser prioritario, caminos los cuales para soportar una nueva ruralidad, que debe estar provista con una mejor educación, conectividad plena y una población apta para el uso intensivo e inteligente de las nuevas tecnologías, en ruta a consolidar los territorios como espacios de oportunidades y núcleos de desarrollo y crecimiento, Es esta una de las mejores formas de hacer patria. saramara7@gmail.com

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