Rubén Darío Ceballos Mendoza

Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

La inequidad persistente actúa entre nosotros como una poderosa talanquera para el desarrollo de los pueblos, especialmente en las zonas rurales, impidiendo de paso el avance en el comercio y un sano desarrollo sostenible, indispensables en contexto de la economía global en que estamos y absurdo sería sustraernos de ella. La inequidad reduce el crecimiento económico, aumenta la pobreza, debilita la democracia, socava el Estado de Derecho, debilita la institucionalidad formal y obstaculiza que muchos muestren toda su iniciativa y potencial; de ahí la importancia de caminar con prisa y sin pausa hacia un comercio agroalimentario que cree oportunidades para los núcleos poblacionales que se han rezagado por los modelos de desarrollo en boga que no los tienen en cuenta, a pesar de poder ser determinantes si queremos garantizar con el comercio del agro beneficios para todos.

Importa en este derrotero acabar con los altos niveles de inequidad en las áreas rurales, hacerlas crecer y hacer crecer su ingreso de manera significativa con el comercio agroalimentario capturando la mayoría de los beneficios que ello produce, a lo que sumarse debe valor agregado agrícola y pecuario. El comercio agroalimentario es una fuerza positiva en términos económicos y en la creación de más oportunidades para los sectores que han sido dejados atrás por decenios. La inequidad étnica y de género son otros factores que debe ser un reto al haber generalizada en ellos desnutrición, pobreza y miseria. Las desigualdades en los territorios es otro caso de desequilibrio estructural que afecta y refleja falta de integración, lo que impone cambiar, reconstruir y transformar para avanzar hacia un mejor porvenir, yendo hacia formas más justas de expresión territorial.

Comercio agrícola, cambio climático, empleo rural y reducción de pobreza son asuntos para tener en cuenta, debiendo adaptarse los pueblos a sus impactos, siendo necesario enfrentarlos, compensando los cambios rurales en la productividad agrícola, al tiempo de adicionar mejores causas en las políticas de protección social con miras de mejorar urgentemente los mercados de trabajo rural y reducir la pobreza. Requerida es una política real, eficaz, responsable, práctica, pertinente, decidida e inteligente; vale decir, que cambie, modifique y mantenga las decisiones para potenciar la vida de las gentes. Para que tal política cuente con esas sumatorias tiene que ser eficaz, destinada directamente a los usuarios, encaminada a ejercer acciones en ámbitos y competencias propios. No una estéril, sino una política que aporte y construya.

Es hora de cambiar, buscar empatía con los problemas reales de los ciudadanos, por incapacidad innata y por desconocer muchas veces de la realidad que les rodea; de ahí que interese iniciativas que insten al ejecutivo a resolver los problemas de los ciudadanos. Los permanentes, los diarios, los habituales y dejar atrás las propuestas grandilocuentes normalmente irrealizables. De no cambiar la actitud, acentuada de manera exagerada en quienes tienen que velar por una actividad eficaz y practica para la que han sido llamados a servir a los ciudadanos, poco o nada avanzaremos en tan importante como necesario escenario. Hora es de trabajar con ahínco en esta actividad, en la seguridad que prosperaremos en buena manera y gran medida.

rubenceballos56@gmail.com *Jurista

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